Cómo Figueroa se estropeó la cara | Nicolás Ricci

 

 

A la par, el ocio,
el vientre abierto,
las blancas tripas del objeto rendidas
a la noche en que llegaron. Porque llegaron
a desollar. No había un alma.

El plan modesto: hacer que salten
las puertas del objeto, despertar
la voz de alarma bajo el ruido de
cristales rotos. Figueroa piensa:
los otros con sus nombres,
yo con el mío, frente a los alambrados, luz
en la punta de los postes: luz, y abajo
tambaleándose, en silencio,
los motivos de los otros y los míos.

 

 

 

No había un alma. Parecía
regalado el terreno metido en medio de ese frío.

 

 

 

Planteado el núcleo de un objeto
y roto a cascotazos lo que sobra
se desparrama por el suelo como vidrio,
como botellas eyectadas con felicidad
contra una superficie.

¿Es lo que sobra
la superficie? ¿Se abre
el plano y deja
ver el interior?
¿Hay interior?

 

 

 

Recién, las piedras que recién puntearon
el objeto no responden, no te miran:
una paciencia inerte. Si se desdice
una salida con apuro, justa y precisa—
mente en el momento cuando
todo parece quemar, la cosa corre
peligro de fallar. De pronto corre
el primero de los tipos cuando
siente ruidos, siente movimiento. Enseguida
los seres queridos empiezan a gritar
la marcha atrás,
botellas
y cascotes en las manos todavía.

 

 

 

Llegado el caso la mitad
del juego va a ser salir y dispersarse
en varias direcciones, hasta que atrás
no se oigan voces de alto. Cualquiera puede así
pisar mal y caer, hacerse
mierda en el cordón de la vereda. Después:

¿La jeta abierta
tambalear a casa
nublada la visión
porque la sangre?

 

 

 

La sal que come los pilotes de los muelles,
la eventual satisfacción de tus caprichos en el sistema enemigo.

 

 

 

Como por necesidad, una línea
se fuga al pasado, el desgobierno
de su mente en el presente, de su
consciencia, replegada y ajena a su entorno.
Figueroa se pregunta, ¿habré
tenido familiares en la edad media?
Se contesta: Pelotudo, todos tuvieron
familiares en todas las épocas
pasadas. De repente la línea corre
de vuelta a Figueroa, desde larvas
y bacterias, sinuosa pero continua—
mente. Cadenas de carbono sin pausar
para estar ahora con un dedo
en la nariz, preguntando: ¿habré.

 

 


Nicolás Ricci. Nació en Buenos Aires en 1988. Colaboró en varias revistas con narrativa y ensayos. Publicó la plaqueta Ciencia normal (Ascasubi, 2019). Sus poemas más recientes aparecieron en el quinto número de la revista Rapallo.

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