la poesía de guerra de Denise Levertov

 

Denise Levertov (1923-1997), es una de las escritoras que más se involucró en las protestas contra la guerra de Vietnam durante la década de los 60 y 70. Su concepción de la poesía como un terreno en el que llamar a la revolución social y el cambio político supuso no solo un criterio temático en su escritura, sino también formal. Influenciada por la escuela artística de la Universidad Black Mountain (Carolina del Sur), esta poeta puso en marcha una escritura como respuesta al conformismo social y a la erosión del lenguaje que los medios de comunicación y la prosperidad material infundían en la población estadounidense, la cual observaba de forma pasiva las atrocidades que su gobierno estaba cometiendo.

Para abordar la poesía-protesta de Denise Levertov es preciso en primer lugar acudir al contexto sociohistórico que la escritora encontró al llegar a Estados Unidos en 1948. tras la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra Fría, el espíritu paranoico anti-comunista llevó a los gobiernos norteamericanos a desarrollar una fuerte industria militar y a establecer alianzas internacionales con el objetivo de proyectar una imagen de los Estados Unidos como una nación potente, democrática y abierta, en oposición a los estados totalitarios comunistas, al mismo tiempo, acompañando a la imagen de potencial exterior, Estados Unidos desarrolló a nivel nacional una economía fuerte que permitió así justificar su defensa del capitalismo como el mejor sistema. Entre 1945 y 1960, los estadounidenses alcanzaron una prosperidad material incomparable que se vio incentivada por los avances tecnológicos de la época (televisión, automóvil, electrodomésticos, etc.). El ciudadano estadounidense de clase media se convirtió en el homo consumptus, extendiéndose como consecuencia el conformismo social y la obsesión materialista. La televisión, en este sentido, tuvo un papel fundamental, pasando a ser uno de los medios ideológicos más importantes y extendidos a los que estaba expuesta la mayoría de la población, que en la publicidad encontraba instrucciones de cómo vestir, pensar y actuar. Sin embargo, también sirvió como medio de transmisión de nuevas ideas, como los movimientos por los derechos civiles, que adquirieron así mayor fuerza y difusión.

Denise Levertov compartía los ideales de estas protestas pacifistas. Para ella, la población Vietnamita representaba a toda la gente que mundialmente sufría injusticias, por lo que su lucha por la paz era una lucha por los derechos civiles, una lucha por la justicia de corte antiracista, feminista, ecologista y anticapitalista. Fue criticada por su implicación política no solo como activista, sino también como escritora, y son bien conocidas sus discusiones sobre la función del poeta que le costaron su amistad con el también escritor Robert Duncan. En un ensayo de 1967 titulado «the Poet in the World», Levertov explicó que ante una situación como la que estaba presenciando el mundo, un contexto según ella sin parangón en la historia de la humanidad, marcado por la creación de armas nucleares y químicas y los desastres ecológicos, el poeta no podía ni debía quedarse observando de forma pasiva.  Convencida de esta idea, Levertov participó en numerosos movimientos y organizaciones de carácter juvenil y universitario. Durante 1965, tanto ella como su pareja (el también escritor Mitchell Goodman) estuvieron presentes en diferentes protestas contra la guerra de Vietnam en Washington y en varias universidades del país. En abril de ese año fundaron una organización de escritores y artistas en contra de la guerra, y en otoño empezaron a preparar lo que al cabo de un año sería la «Semana del arte Enfadado» («Week of angry arts») en Nueva York, todo ello mientras seguían acudiendo de forma constante a numerosos recitales en los que se denunciaban los bombardeos llevados a cabo en Vietnam. Su activismo, sin embargo, no se redujo a la organización de eventos, sino que empapó su concepción de la poesía, impregnando también sus ideas sobre la composición, el contenido y la forma. Su compromiso político, ya presente en su juventud, y la implicación de sus padres en movimientos similares, marcaron su definición de la poesía, que para ella iba unida a la vida y, de hecho, suponía un factor para transformar la sociedad, un terreno en el que llamar a la revolución, social y personal.  Las palabras, según Levertov, tenían el poder de cambiar químicamente el alma, y el poeta tenía entonces responsabilidad sobre lo que estas provocan en esta idea, sin embargo, se debía también a la influencia de su poeta predilecto, Rainer Maria Rilke, quien había defendido la estrecha relación entre poesía y experiencia, lo cual constituía la base de la escritura de Levertov. En su ya citado ensayo «the Poet in the World», describe las percepciones del poeta, destacando (en relación con los efectos de la televisión) el siguiente fragmento:

He has seen the lifted fork pause in the air laden with its morsel of TV dinner as the eyes of the woman holding it paused for a moment at the image on the screen that showed a bamboo hut go up in flames and a Vietnamese child run screaming toward the camera –and he has seen the fork move on toward its waiting mouth, and the jaws continue their halted movement of mastication as the next glided across the screen.

La pasividad con la que la persona descrita continúa con su cena a pesar de estar frente a unas imágenes desoladoras, aparecen en este ensayo como un factor más que incentivará la escritura del poeta. Su labor es pues luchar contra esa actitud y, mediante su poesía, trasladar al lector a otros mundos para que así adquiera conciencia. Entre esos escenarios, Levertov incluyó Vietnam, lo cual hizo que su poesía sobre el conflicto fuese criticada debido a su radicalidad en el lenguaje y la viveza de las imágenes de sufrimiento y muerte, así, en muchos de sus poemas publicados entre 1968 y 1982, lo que encontramos es una recopilación de imágenes extraídas de las noticias (tanto fotografía en prensa escrita como de la televisión),  destacando la repetición de verbos relacionados con la percepción de esas propias imágenes (principalmente la vista). No es difícil encontrar descripciones de cadáveres, de quemaduras, de la carne y la piel en llamas, de personas y casas carbonizadas. En «advent 1966» (Poems 1968-1972), el sentido de la vista se ve perturbado, y ante las imágenes de bebés ardiendo, se multiplica como si se tratase de la visión de un monstruoso insecto («Or else a monstruous insect / has entered by head, and looks out / from my sockets with multiple vision», «and this insect . . . will not permit me to look elsewhere») (En otro poema del mismo volumen, «Enquiry», la voz lírica se dirige a un soldado para describirle lo que una víctima ha visto. Mientras que el soldado come, compra, vende y duerme, la víctima únicamente ve con unos ojos que nunca se cierran cómo «sus cinco hijos / se retuercen de dolor y mueren». Destaca también por su léxico un poema titulado «Scenario», en el cual se presenta:

the theater of war. Offstage
a cast of thousands weeping.
Left center, well-lit, a mound
of unburied bodies,
or parts of bodies. Right,
near some dead bamboo that serves as wings,
a whole body, on which
a splash of napalm is working.

En este escenario, además, hace su entrada una novia con un único pecho, un único ojo y la mitad de la cabeza sin pelo, y después el novio, un joven soldado sin heridas visibles que empieza a temblar al verla. Las consecuencias de esta guerra son tanto físicas como psicológicas, y aunque sea contenido de obras de ficción (en este caso una obra teatral), suceden en escenarios reales, fuera de la televisión. algo similar se trata en «the Distance», poema en el que se contrasta la situación de los presos políticos en Estados Unidos y la de los nativos en Vietnam, una vez más destacando los verbos de percepción:

over there they mourn
the dead and mutilated each has seen.
they have seen and seen and heard and heard
all that we will ourselves with such effort to imagine,
to summon into the understanding . . .

Mientras que en Vietnam se ve y se oye la guerra, en américa, aquellos que están luchando en oposición a las políticas intervencionistas del gobierno, siguen siendo casi incapaces de empatizar, de imaginar o entender lo que allí se vive: «over there the dead are strewn in the roads», «over there the torn-off legs and arms of the living / hang in burnt trees and on the broken walls», «men and women contorted, blinded, in tiger cages are / biting their tongues / to stifle . . . the cries of agony»,  llegamos a ver con precisión cómo las bombas atacan la retina de los ojos, la suave piel, convirtiéndose en carne picada («bloody mincemeat»), ante lo cual la voz lírica comenta «this is smart», refiriéndose a las bombas inteligentes, a la tecnología diseñada con el único fin de acabar con seres vivos. Similar vocabulario se usa en «In thai Binh (Peace) Province», donde se habla de hospitales, escuelas, fábricas bombardeadas, pero también de niños que han perdido los pies o sus casas. No obstante, ese intento de concienciar al lector no era un proyecto que desarrollar únicamente a través del contenido. La forma del poema constituía una parte esencial en la composición, sin la cual los efectos acabarían siendo los mismos que los de las imágenes televisadas: una percepción descontextualizada, y consecuentemente, solo entendida de forma parcial. Lo que debía hacer el poema era despertar al lector, algo que Denise Levertov entendía como un cambio de estado de conciencia. Como explica Lisa Narbeshuber, esta poética parte de que Levertov reconoce su propia complicidad con la ideología estadounidense y es esta ideología la que quiere atacar mediante una «des-identificación» y reconstrucción de su psique, así pues, este cambio de conciencia ha de realizarse a nivel lingüístico y perceptual. En primer lugar, ante la «erosión del lenguaje» y su consecuente poder sobre la ideología de los hablantes (i.e. de la sociedad), la poeta se propone recuperar el vigor, ejerciendo una escritura que desafiará la lectura automática y pasiva del receptor, a este respecto, quizás uno de sus trabajos más famosos sea «Relearning the alphabet», poema en el que, a pesar de no incluir el tema de la guerra, intenta revisar y re-imaginar el lenguaje comúnmente usado. Levertov se sirve de este enfoque alfabético para mostrar cómo nuestra forma de hablar determina nuestro pensamiento, poniendo límites a la conciencia. así, mediante el replanteamiento de cada letra del alfabeto, se desestabilizan los cimientos ideológicos del lector. Con la misma finalidad, Levertov incluyó fragmentos de su diario, de prensa y de discursos políticos en muchos de sus poemas, pero también jugó con otros géneros textuales que no siempre pueden ser identificados o localizados. «an Interim», por ejemplo, podría interpretarse como una reflexión en verso sobre la presencia del lenguaje en nuestra vida cotidiana y su contenido vacío y manipulado de forma subrepticia. En la segunda sección (el poema consta de siete), se describe el lenguaje como una virtud del ser humano desgastada con la que juegan tanto los niños como los dirigentes militares y políticos («O language, virtue / of man, touchstone / worn down by what / gross friction …»).

Levertov tras describir la situación en guerra, sin embargo, la voz lírica presenta la vida cotidiana del ciudadano norteamericano, que continúa con sus actividades de compra y venta, de ocio y televisión, porque a pesar de estar en guerra, y de que ese sonido esté en sus oídos, no están escuchando («and at their ears the sound / of the war. they are / not listening, not listening». En «advent 1966» encontramos la misma técnica, especialmente en conexión con el sentido de la vista: las visiones de un bebé en llamas se multiplican, se repiten sin desaparecer, y la vista de la escritora («this my strong sight, / my clear caressive sight, my poet’s sight I was given») se ve manipulada, como vimos antes, por un insecto. Levertov juega con el formato para señalar la distancia que ideológicamente se establece en el estudio y respeto de civilizaciones del pasado y aquellas que existen en el presente, como la de Vietnam

Sin embargo, Levertov también se sirve de los efectos fisiológicos del poema para reconectar al lector con el mundo externo y con las percepciones que el propio poeta proyecta en el texto. aplicado a su crítica social, esto se traduciría como una lucha contra la pasividad con la que sus lectores observaban la guerra en la televisión y la distancia (emocional) que separa esas imágenes de las percepciones. En este sentido, cabe destacar la influencia del grupo de poetas comúnmente conocidos como Black Mountain Poets y cuyo «manifiesto» («Projective Verse») había sido escrito por Charles Olson. La poética propuesta por Olson, influenciada por la escritura de William Carlos Williams, Louis zukofsky y George Oppen, tenía como idea central la transmisión de las percepciones del poeta a través de la disposición del poema en el papel. Forma y contenido estaban estrechamente ligados, en el sentido de que lo primero tenía origen en lo segundo, y lo segundo no se concebía si no era unido a las emociones y percepciones del propio escritor. así, como explica Gelpi, la dimensión lingüística del poema se regía por (y de hecho presentaba) su propia percepción o experiencia multidimensional  El lenguaje se concebía como algo cargado de forma particular y podía provocar así la apertura a visiones de mundos desfamiliares, nuevas, no reducidas a clichés o imágenes y sonidos meramente aglutinados..

Nos encontramos pues ante una escritora no necesariamente revolucionaria, pero sí comprometida. a través de la escritura, de las imágenes y de la disposición en el papel, de la manipulación del lenguaje para revivirlo, Denise Levertov logra encauzar la lectura de sus poemas a un plano ideológico nuevo, en el que las palabras servirán para transmitir un sentimiento, una imagen, una información, pero al mismo tiempo haciendo al lector consciente del potencial de ese medio de transmisión y de cómo es necesario reavivarlo en momentos de guerra y de crisis humanitaria, cuando pueden ser peligrosos precisamente por haber quedado vacíos.

por Elisa Ortiz