3 poemas de Cindy Hatch

 

LIKE MOTHER, LIKE DAUGHTER

I
Como una madre
que no jugó con su cuerpo
ahora mira el de la hija
con fervor

poco más o menos
le sobreviene

saborea

vuelve a sentir
sin la piel seca
propia de la vejez

II
Entonces
nos palpamos
compartimos forma
los ojos chillan ante el derrame
el llanto prolongado entre generaciones
el hilillo de baba
nos toca a ambas

III
Nos besaremos
:
nuestro hálito es el mismo

IV
Esos días
me tumbé cerca de ti
para que lamieras mis rodillas
caí sobre raíces
y esta cicatriz aguarda
el recuerdo de tu lengua

V
¿Qué fue
lo que probaste aquella vez?
¿estaríamos,
de cualquier forma
aquí?

 

 

COMO NARANJAS

Cuando mi niñera entró al cuarto,
encontró un par de cáscaras en el suelo
las levantó y las tiró a la basura.
Nunca me preguntó por qué estaba comiendo tantas naranjas.

Alguien me dijo que besar sería como comer naranjas,
así que me pasaba la tarde practicando mis besos.

Comí, lo hice como siempre, con ímpetu,
quería volverme experta en el gusto ácido del cítrico
aprendí a distinguir las naranjas sabrosas, de las insípidas y secas,
aprendí a elegirlas, a palparlas.

Comía naranjas absorbiendo primero el jugo,
con los dientes arrancaba los gajos,
saboreaba la pulpa,
volteaba la cáscara para dejarla vacía
ya sabes, comerse la naranja por completo.

Entonces, eso esperé de mis amantes
que me besaran hasta el jugo, la pulpa, los gajos.
Pero no anticipé
que, como yo a la cáscara, también me dejarían vacía.

 

 

POESÍA SOBRE MI OFICIO: PRIMERA ENTREGA

En una tablilla de abeto
no mayor a 5mm de espesura
donde se escribieron las primeras cartas de amor
aguarda un párpado dorado
el amor que incinera
el Rayo, el fuego.

Woolf dijo que las épocas donde no se escribieron cartas
son un páramo en el tiempo.

Como escribieron cartas Nin, Castellanos o Mistral
Nora recibió cartas eróticas
mis cartas a la sombra de las suyas
parecen haberse consumido.

Junto al señor que es el último de los escritorios públicos
escribo cartas para los cortos de verbo
escribo, enardecida, entre ranuras
mientras me toca el mundo
desnuda escribo porque no hay otra forma de hacerlo
dicho sea de paso.

En el albor leo sobre dignidad y pienso en esta posición
desde donde veo al amor y renazco en el cuerpo
de otros remitentes y de otros más, destinatarios.

Y el silencio de ficciones que no protagonizo
no ultraja mi cuerpo:
acorralo al amor en una hoja
y como la vida, el amor no hace caso, no se detiene.

Y quién soy yo para detenerlo.

Carta de amor sujeta al corcho por una tachuela,
el papel permanece fijo, el amor ha de volar.

Hacemos pasar versos por cartas en los escritorios
pero al poeta la poesía, sin más.

A quién podrían no conmoverle mil y una cartas de amor
―ninguna igual que la otra―
sin embargo, hay algunas coincidencias,
la primera que noté,
fue el perdón constante de la mujer que ama demasiado.

Se desploman las líneas de mis cartas
y todo intento parece vano
ante el que anhelo más como destinatario
la esperanza de escribirle es oscilante
la línea se ha convertido en soga
yo no le escribo porque no puedo.

Quizá sí ultraja un poco mi silencio de ranuras
porque me hace desear la cordura de palabra
de otras mujeres que lo dijeron todo y lo dijeron bien
y yo solo hago el intento.

 

 


Cindy Hatch (Zapopan, México, 1997). Estudiante de la Lic. en Escritura Creativa. Ganadora del premio Luvina 2019 en las categorías de ensayo y poesía. Ha sido publicada en medios como: Juguete rabioso, Luvina, Letras Libres, entre otros. Dirige Maremoto Fanzine.  Escribe en Liberoamérica y en creaturaescritiva.wordpress.com.