3 poemas de Juan Antonio Alfaro

 

(Detrás de puntos de sutura espero la hora de los amancebados, de la gloria rupestre que contagie al rifle y a la cámara. A través del lente de ella, a través del lente de ella, imagino un ciervo viviendo su vientre. Ciervo no viene de sirvo. No viene de acervo. No de cerveza. Aunque no lo creas, aunque no sean ciertas las definiciones buscan surcar mi disfraz con una cruz. Me buscan cruzando la carretera pero en el cerco el lente no alcanza el fingimiento, provincias remotas: ahí no hay siervos, no sirvo, no acervo. Hay chimeneas, máscaras antigás, una ranura invertebrada, una vereda y la verdad que invade el vago sonido de su máuser. La verdad me buscan categorías, parámetros. La primera persona como una aparición prestigiosa. Sujeto a una heredad enajenada dormí con su fusil de alambre. Doblegué su hambre. Doblegué el ritmo de su pólvora teledirigida, su ojo ajeno al tacto y al efluvio, alcatalejo, felógeno. A través del lente de ella un cazador varado en medio del bosque es un venado muerto en medio del bosque. Es mi fortaleza.)

 

Como cazador de venados me debo al rifle y al oscilograma. ¿No escuchan esos gritos espantosos que comúnmente son llamados “silencio”? Falta un niño, acaban de entrar con una recién nacida y faltan los que estaban en la recepción y luego nostalgia. Pero hay dos señoras a mi lado que me molestan con sus voces. Un venado varado en medio de la carretera oscila calendarizado bajo un cielo industrial de pareidolia y cirros plásticos. Un venado varado en medio de la carretera se confunde con los bordes del bosque. Se confunde con la rabia. Y nadie pasa con fuego para prender la rabia. Me confunden con la rabia.

 

Como cazador de venados el vómito apresura en la predicción de las nubes, en la hibernación de las cosas desunidas y rezagadas. Las gotas de lluvia indelebles a las cabezas, esas nubes, esas flemas. El cielo aún revoloteando a sus anchas, también todos nuestros iguales. En el acento de las mesas, en lo monótono de lo curvo, en lo fluido oxígeno por estos bronquios ¿cuándo te veré de nuevo? Un venado no hace un bosque. Un bosque en medio de una celebración mojigata de tambores y cérvidos, a la manera de jinetes que soñaron coronar sus caballos en la mutación de la mueca, la respiración musgosa bajo la cámara de aire y digo: hebras de hígado encaminan mis manos al muro, venados encaminan mis manos al muro, yo encamino mis manos al muro. En el muro una fiesta planeada para dejar el polvo del fusil guardado en la biblioteca, los párpados angostos, el sorbo repetido. Las cenizas de las manos guardadas en lo ínfimo, en lo íntimo, en lo protervo, lo nervado, donde solía decir que escribiría memorias donde decía rémoras, donde nadie leyera, donde nadie escuchara oído una suerte de talleres y alabanzas, en un azar desleído
y ya hubo uno que miró al venado por la cerradura
y ya hubo uno que miró al cazador por la cerradura
y el cuerpo otro cenicero, inválido, terrestre. El fusil otro venado. Yo es venado. Yo es fusil.
Yo es Dueño. ¿Cuándo te veré de nuevo?

 

del libro (cápsulas, venados) (ICA, 2019)

 

 


Juan Antonio Alfaro (San Luis Potosí, México, 1991). Ha publicado poemas en varias  revistas literarias. Coordinó el Taller de Creación Literaria del Altiplano en el municipio de Charcas, San Luis Potosí y el Taller de Poesía Félix Dauajare en la Biblioteca Central del Estado de la Dirección de Publicaciones y Literatura de la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí. Premio Nacional de Literatura Joven Salvador Gallardo Dávalos 2018, en el área de poesía, por el libro (cápsulas, venados) (ICA, 2019