3 poemas angelinos de Román Luján

 

 FOSFENOS

David Lynch da el pronóstico del tiempo. Los policías desvían el tráfico para que los autos no choquen con las palmas caídas. Paul Zukofsky demanda a quienes piensan en la obra de su padre. Las luces de los helicópteros me arrullan. Además, ¿cuál arroyo? ¿desde cuándo lleva agua este desierto? Los autobuses, no obstante, son un oasis para el traductor. Cuadros de pólvora blanca me dan papelitos verdes. Los nervios apuñalan. Haz un agujero en esta página y escapa ahora que nadie te está viendo. Quémate estilo bonzo y ponlo en YouTube. Charcos de luz fractal en la retina. Wolverine ayuda a Spiderman a subirse a un bote de basura. Actor, mesero y a veces director. Beautiful blue skies. Momentáneos aros fluorescentes debajo de los párpados. Las facciones combinadas de Frida y Che Guevara forman un rostro andrógino en el mural de Melrose. Bracitos de lavanda, nomeolvides, buganvilias en los muros de febrero. Y dale con los versos paisajistas. Conduce un Uber mientras aguarda el resultado de los castings. It was the man in the green coat, dice el conejo. Adolescentes de oscuros labios púrpuras hacen la tarea de matemáticas. Distracción absorbente. Estrellas amarillas, delicias de Indonesia, carambolas podridas sobre el pavimento. Meseras blancas, lavaplatos morenos. No importa lo que digas, una Marilyn tatuada no es una chicana. Sé paciente. Observa. Toma notas. La dopamina baila en su pinball frenético. Y a todo esto, ¿a qué horas abren Frolic? Saber que el cuerpo olvida y no confiarle nada. Cactus de invernadero, orquídeas de barranco. Angelyne se desliza en su flamante Corvette rosa. Muted golden sunshine. Modelo, pasea-perros y a veces make-up artist. Deja de tallarte el ojo, pervertido, te lo vas a borrar. Jesús de Hollywood, gafas de sol y capuchino en mano, agrega a unos turistas a Instagram. Arrancaron un trozo de pared donde había un Banksy; era un Chihuahua enorme llevando a Paris Hilton en su bolsa de mano. Confías demasiado en las metáforas. Troles carreristas de Ivy League fingen descolonizar a punta de mayúsculas. La aldea entera de esa hermosa mesera siberiana pagó el vuelo de avión para que viniera a buscar fama. Tienes que elegir entre ceniza y escritura. Kate Beckinsale en la pantalla del teléfono de un poeta coreano americano. En esta ciudad hablan solos por Bluetooth y sin dientes. Bruce Andrews se ríe de Octavio Paz en una fiesta. Aunque no le doy dinero me bendice. Escondido en un arbusto, el hombre árbol de Venice susurra “St. Kevin and the Blackbird” de memoria. Que forma de mentir tiene lo oscuro. Sé paciente. Observa. Todo se entrelaza a ras del fuego.

para Brian Kim Stefans

 

 

SUNSET &  HIGHLAND

una ardilla muerta sobre el pasto
frente al edificio de una secundaria

los ojos cerrados      hormigas      y los dientes
asomando en la boca entreabierta

las patas delanteras encogidas
y la cola enrollada alrededor del cuerpo

en forma de uróboros o de anillo suavísimo
al que envuelve concéntrico otro círculo

de pétalos     hormigas     y al lado hay un boceto
a lápiz de la ardilla doblado en cuatro partes

ya es mediodía en abril y a unos pasos dormita
un indigente en un sleeping miniatura

cubriéndose la cara con periódicos
mientras adolescentes negros y latinos

hacen acrobacias sobre los escalones
de la escuela en sus bmx y ríen y se filman

justo en el instante en que zumban helicópteros
y cruza una ambulancia dos patrullas

un carro de bomberos sirenas altavoces
autos deportivos autobuses naranjas

y turistas que parecen inmóviles excepto
el indigente que avanza tambaleándose

entre las bicicletas tendidas sobre el pasto
con dedos temblorosos hace una cruz de pétalos

alza a la ardilla     hormigas     la pone en la basura
y se guarda el dibujo en el bolsillo

 

 

CIUDAD DE CUARZO

Un hombre se refugia del sol bajo una parada de autobús.
La parada está frente a un negocio de hamburguesas

en la esquina de Vista y Santa Mónica. Es una estructura
de acrílico y metal, con una banca de acero inoxidable

dividida en tres partes iguales por barrotes, con el fin
de evitar que alguien se acueste sobre ella. Al mediodía

el hombre se sienta sobre el suelo recargando la espalda
contra el panel traslúcido con marco de aluminio

que anuncia un detergente en un paisaje de coníferas
con flores de lavanda y, al fondo, una cascada partiendo

una montaña. Sobre la banca alguien ha olvidado
un viejo ejemplar del libro más famoso de Mike Davis.

Ante el retraso de los autobuses, un grupo de personas
se repone y toma agua debajo del rectángulo de sombra.

El hombre se dobla a carcajadas mientras lee casi a gritos
pasajes del volumen a quienes esperan el autobús naranja.

Cuando amaina el calor la parada se va quedando sola,
salvo la ocasional anciana rusa con bolsas de verduras.

El hombre continúa riéndose y leyendo. Se golpea la frente
con el libro, buscando retener el murmullo de esas páginas.

Por la noche, el libro se disuelve en la banca de metal.
En el lugar que ocupó el hombre ha quedado impregnada

la silueta de su espalda y su cabeza. Hay luna y es agosto.
A la mañana siguiente una empleada municipal remueve

la silueta con el chorro a presión de una manguera.
Su chaleco amarillo luce enorme en su torso encorvado.

De sus audífonos escapa una canción que bailaba
en su país cuando era joven. Con un líquido verde

friega el piso, la banca de metal, las paredes de acrílico
donde ahora hay un anuncio de comida para perros.

 

del libro Sánafabich (Herring Publishers, 2019)

 

 

_____________________________________________________

Román Luján (México, 1975) es autor de cinco libros de poemas y traductor de poesía en lengua inglesa. Estos poemas pertenecen a Sánafabich (Querétaro: Herring Publishers, 2019). Aunque desde hace un año vive en Berkeley, sigue extrañando Los Ángeles.