Dos poemas de Flavia Garione

 

JIU-JITSU

Pienso mucho en cuchillos
en llevar uno a Brasil
aunque probablemente me lo quiten
en el aeropuerto
tener un cuchillo chiquitito, útil
escondido en la bombacha,
en las zapatillas.
Una navaja brillante, con luces fosforescentes
para comer y defenderme como Mata Hari,
Y en la selva pelear contra una víbora
o salvar a Rodrigo, Fernanda o Diego
de una gangrena en una isla desierta.
Todo esto es una fantasía
no sé pelear para nada, menos con cuchillos,
como aquella vez en 2003:
una chica me quería pegar por hacerme la linda
a la salida del colegio
me agarró, era rubia y maciza como descendiente de alemanes, llena de furia,
venía con muchas amigas y perros,
tenían enojo también
vámos a pelear ahora, dijo
le dije no, no puedo, tengo que cuidar a mi hermano menor
respondió, bueno pero mañana te agarro.
Esa tarde en la plaza mis amigos me enseñaron a pelear
les pegaba piñas pero al llegar al cuerpo
la fuerza se iba, como un flan,
practiqué mucho las piñas y las patadas,
pero la chica rubia se olvidó de pelear.
Otro día llegó Yohana:
me gritaba monja puta y se escondía detrás de los árboles.
La agarré una mañana, ¿qué problema tenés?
Con vos, ninguno,
me di vuelta,
me pegó por atrás, a traición,
le pegué piñas en el estómago,
nos caímos al piso, nos agarramos del pelo muy fuerte,
los perros nos ladraban,
estábamos trenzadas como una posición de Jiu-jitsu,
no me soltaba, hasta que nos separaron los vecinos.
Esto no va a quedar así, le grité llorando
¿De dónde salía esa voz?
¿Alguien me puede explicar de dónde
sale esa voz?
La primera tormenta del verano fue ayer,
estábamos en una terraza en el puerto
y una ráfaga rompió los vasos
los levantó como papel, como colillas,
los gatos de la casa volaron en círculos,
gritaban enojados,
una mujer de Santa Fe se persignó,
enseguida se me vino a la mente
la zona oeste de nuestra provincia,
el lugar más aburrido de todos
Morón, Moreno, San Antonio de Padua, Merlo,
con sus placitas llenas de mosquitos y nenes con bicis.
Casas en las que vivieron montoneros famosos,
lugares sin nada que sólo tienen estaciones de tren y familias,
que viven en piletas,
estaciones meadas y vendedores de alfajores que ahora venden cargadores.
las tormentas en esas localidades son terribles porque vienen con mucha furia,
Una vez la estación de tren se desintegró,
mi prima se escondió,
lloraba dentro de una máquina de boletos,
y una señora voló por los aires y aterrizó del otro lado de la calle.
Otra vez, los perros se volvieron locos y se tiraron de una terraza.
El cielo negro amenazante, las luces apagadas,
y ancianas con velas que corren por la noche.

 

(inédito)

 

 

AMIGOS QUE DEJÉ DE VER

Marcelo: se está construyendo una casa atrás de la casa
de los padres. Sabe treparse muy bien a los árboles. Lo
apodábamos “el boliviano”. Toca la armónica.
Rocke: arregla electrodomésticos y le gusta lo medieval.
Escucha Almafuerte y hermética. En verano traslada su
habitación al patio. Es una de las mejores personas que
conozco.
Walter: lo apodábamos “waso”. Después de caer preso se
hizo policía. Cuando era chico lo metíamos en el tacho de
basura. Tiene manos gigantes.
Marcos: le decíamos “cara de pájaro”.
Ezequiel: lo apodábamos “Tiburcio”. Le escondíamos la
bici. Una vez lo molestamos y se puso a llorar.
Alan: trabaja en Internet.
Jesabel: su apodo era “mono”. Se hizo inspectora de
tránsito. Todos sus hermanos tienen nombres bíblicos
como Jonás, Josua, Jail.
Tatito Stone: viajamos juntas a Jujuy. En el norte perdió
su billetera. Sigue siendo rolinga y estudia medicina en la
plata. Hacía pulseras. En el viaje sobrevivimos con sopas
instantáneas.
Lucianita: se fue a vivir a Buenos Aires. Es una artesana de
nacimiento. No era muy buena, escondía
pensamientos negativos. Su apodo era “huesos”.
Yoha: muchos problemas. Nos dejamos de hablar a los 15.
Era pandillera. Una vez nos agarramos del cuello. Su
apodo era “topo”. Se mudó al puerto.
Ipi: se fue a vivir a Estados Unidos.
Débora de Colegiales: amigas desde chicas. Fue a un colegio
judío y me encantaba cuando hablaba en hebreo.
Marina: andábamos en rollers. Hacíamos hipnosis. Es
visitadora médica y baila salsa.
Florencia de Padua: se hizo modelo de alta costura y se
fue a vivir a Italia.

 

 

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Flavia Garione nació en la ciudad de Buenos Aires en 1990, es poeta y profesora en Letras. Trabaja como docente en escuelas secundarias y en la universidad pública. Co-organiza desde 2011 el Festival de Poesía de acá en la ciudad de Mar del Plata y administra el blog tengogatitosbebes.blogspot.com Publicó: Museo Local (2012), Mi mente es como un dj malo (2013) y Se oyen gritos de chicas por las noches (2019).