2 poemas de Marcus Ortiz

 

¿A quien le hablo cuando no hay más nadie?

¿A quien le hablo cuando no hay más nadie?
Cuando una voz después de mí excede mi voz
¿a quién le hablo? porque siempre algo se habla
con algo que no es mío que por su voz renacía
como olga
desprovisto renombrado iluminado
como un alga bere bere y ominosa
como algo que me presta alba, ganglio, luz, poste, caballo
que se habla por la voz para ese nadie
inaudible
inapelable
para ese yo al cubo o o
que encarna la cultura, que encarna la caterva de los
árboles, o el papel albor flotando en los bolsillos.

Hay una voz al fondo en la nación
y en verdad no veo espejos ni súplica
y en blanco y negro o en siluetas un vacío,
un argot crucificado que brinca una molécula
un cenit rompiendo la mordaza
un múltiplo de ujieres labrando la luna
una cosecha incandescente que se alarga
un fuego por la barricada, si
una iguana verde y regada
una iguana de nacionalismo
pero sin ser blanca por dentro,
siendo obrera claro, roja, encapuchada,
solventada, soberana, iluminada,
sin tener el blanco.

Es verdad que la cultura es una nervia sola
alma espiritual de la especie, alma plural
de mi individualidad de poeta
que aun siendo yo el gran pequeño dios
de los relatos épicos
ella hable sola (la cultura)
a través de mí, que también nací
por medio del parto cultural (la poesía)
que habitamos esta tierra y
una vieja i sla.

 

 

Las Marianas

En Puerto Rico,
como ya se sabe,
hay héroes y heroínas
con nombre de Marianas.
Ellas claramente en avalancha oscura
siembran su proclama de luz
por las violentas esquinas.
Están a lo largo como islas;
y porque son Bracettis o Marianas
la Policía cede.

Lo han hecho y lo hacen todavía.
Porque esta tierra oriunda y venidera
regenera el hueso del honor
entre florestas bombas llamaradas.
Con la tierra llena, alzada
brota un palito de País;
un arbusto como augusto y alba
como el hilo de una unción
reintegrándose a las cámaras.

Solo la noche y el furor y ellas veían
el rostro en la capucha
que responde a la opresión,
aquellos que se emboinan tiran más
en hipócritas máscaras terceras;
entre el pueblo, ya sabemos
hay Marianas para siempre.

Cargando la bandera que hizo una Mariana
con sus franjas abiertas, ojerosas de piedra,
por los gruesos caminos de raíces
de Julia y Nina,
entre oraciones a Lolita en multitud;
cansadas del dolor, como ya saben,
con el clámide de guerra
o los chalecos.

 

del libro La lumínica hora (inédito)

 

 

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Marcus Ortiz (Manatí,1992) Colaborador del colectivo CASA. Ha publicado poemas y crítica de arte en varias revistas y plataformas digitales y en el periódico Claridad. Estudió Filosofía e Historia en la UPR Rio Piedras. Ha escrito dos libros: ‘Teoría de la Esporália’ [inédito] y ‘la lumínica hora’ [sin publicar].