La longitud del tiempo antes de un hijo | Silvina López Medin

 

La longitud del tiempo antes de un hijo 

Y la intermitencia
¿después?
si estaba ahí
siempre, de otro modo
cerrar los ojos hasta que el despertador
no el llanto, no el llanto.
Mamá, estabas ahí.
Hundir las manos en la nieve y tocar otra cosa
siempre, otra cosa
el interior de una heladera
su parte alta: el congelador
hundir los dedos
en lo falso de esa nieve
pero creer por un rato
decir: esto es nieve
creer, dejar de,
la intermitencia
antes de que existiera el sistema no frost
antes de que existieras.
Creí que no estabas.
Cerraste los ojos.
Dormir puede ser morirse
pienso cuando me tiendo
sin cerrar los ojos del todo
aferrada a esa ranura
así hasta el final
y al final qué.
Escarbar en el hielo
de las paredes
del congelador.
¿Te dormiste?
No sé
qué hora es
necesito creer
en la objetividad de ciertos datos, saber
la hora, los grados, la probabilidad de las lluvias
me peso más de una vez por día.
Se te cerró un ojo.
Fue a media mañana
creo
no me avisaron que me dormirían.
Cualquier cosa que despierte escritura
había dicho alguien,
otro habló en contra del uso de la palabra “cosa”,
pero cómo reemplazar una cosa
por otra, y por qué estas voces
se me vienen encima.
¿Tenés mucho sueño?
No me avisaron.
Recién después pude decir: estuve dormida
como quien dice: esto es nieve
en un paisaje en blanco anduve
sola
lejos, otra parte
el cuerpo tendido, el resto
no sé
una ranura
en su segunda acepción: corte
que no divide del todo.
¿Apago la luz?
Me costaba respirar en esa sala,
lo dije: me cuesta respirar.
Creo que fue justo ahí
corte: quedé sola en un paisaje,
ninguno de ustedes.
Mamá, tengo sueño.
Cerrá bien la puerta
que no se pierda el frío
de la heladera,
la necesidad de conservar.
Apago.
Lo que sea
que despierte
¿escritura?
Abrí los ojos: el reloj blanco sobre la pared blanca,
la aguja
en otro lugar
en esa sala.
Apenas podía despegar los labios
repetir una pregunta
no sé
qué pregunta era, lo que importaba
era poder hacerla,
sostener
un tono.

 

del libro inédito Excursión

 

 

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Silvina López Medin nació en Buenos Aires y actualmente vive en Nueva York. Publicó los libros de poemas La noche de los bueyes (Madrid, Visor, 1999), Premio Internacional de Poesía a la Creación Joven de la Fundación Loewe, Esa sal en la lengua para decir manglar (Buenos Aires, del Dock, 2014) y 62 brazadas (Zindo & Gafuri, 2015). Su obra de teatro Exactamente bajo el sol se estrenó en el Teatro del Pueblo y recibió el Tercer Premio de Obras de Teatro del Instituto Nacional del Teatro. Co-tradujo, junto con Mirta Rosenberg, el libro Eros the Bittersweet de Anne Carson (Fiordo, 2015) y la antología de poemas Home Movies de Robert Hass (Z & G, 2016). Es editora de la sección de traducciones de Washington Square Review, y editora de Ugly Duckling Presse.