Muestra virtual | Salvador Villanueva (Puerto Rico, 1947)

 

CONFIDENCIA

Tómelo por lo bajo:
en estas circunstancias
o se es una fiera
o se es un pendejo.

 

 

TRAUMA

Aquella tarde
la acometí con furia loca.
Le hice un collar de manos
y un asedio de ojos desorbitados
hice brotar para la escena.
Le prometí una gran escaramuza.
¡Puro teatro de alcoba!
Aquella tarde vi sus ojos entornarse
y renacer acuosos
como a la vuelta de una fiesta pánica.
Le pregunté por qué lloraba
y ella simplemente me dijo: Tú no sabes.

 

 

POEMA DE LAS MUTACIONES Y LOS ROMPIMIENTOS

Escupo sobre mi vida. Me desolidarizo de ella.
¿Quién no es mejor que su vida?
Henri Michaux

Me desvinculé de los gorgoritos con gorgojo,
de los poetas a gárgara,
de los literatos con gafa.
Me hice una piel distinta,
un contorno áspero y salado.
Derivé huraño, montaraz.
Aborrecí la fama,
los aspirantes a un cetro
que nunca lograrán.
A la edad de treinta y un años
rehuí de los hombres como de una maldición.
Me fui tornando insolidario,
cuervo malo, bestia fatal.
En momentos de verdadera excitación
confesé no ser altruista,
no tener buenas intenciones.
Me desvinculé de los mediocres
con sueños de gigante dormido.
No conforme aún
inventé tres o cuatro manías
que patenté con diferentes nombres y edades.
Adopté toda suerte de resoluciones
a fin de reducir al mínimo
el número ya ínfimo de amigos.
Imaginé morir solo
y disfruté conmigo
pensando que así fuese.
Me declaré estéril, incapaz, muerto.
Cuando hubo la posibilidad
de que alguien me siguiera,
encarné otras formas, otros cuerpos.
Simulé ser un guiñapo,
no ser sino mis propios restos.
Para no dejar de desvincularme,
me desvinculé de mi mismo
y la emprendí a patadas contra mi otro yo.

 

 

NOSOTROS

Los que nacimos después de la guerra
y hemos vivido siempre en ella.
Los maltratados en el rostro sideral del otro
y en nuestro propio rostro.
Los pateados de hecho y de palabra.
Los oidores de la muerte.
Los rondadores de la pena fiel y exacta.
Los engañados por la bruma.
Los flagelados en nuestra desdeñosa hermosura.
Los que no supimos del punto y de la coma
sino por nosotros mismos.
Los que sentimos el siglo
como una enorme costra amiboidea.
Los que vivimos inmensos de catástrofe,
los únicos sobrevivientes.
Nosotros,
los que nacimos después de la guerra
y hemos vivido siempre en ella,
tenemos buenas razones para apretar la pluma
y proferir locamente la palabra MIERDA
y ser infernales.

 

 

FIN

Escribí como un búho en la penumbra,
secreto y clandestino.
Escribí llevando el tiempo,
la ceniza de sueños ya maduros.
Escribí con otra piel, con otro nudo.
Escribí como un animal salobre y disgustado.
Escribí ásperas ruinas, paisajes desolados.
Escribí como si al término
o también como si al fin y al cabo…

Escribí: Aquí estoy, entre tantas cruces
y tanto peso muerto.
Escribí con humor diabético,
gloriándome de escombro y de canalla.
Escribí, escribí, escribí.
Desaparecí.
Fui un oscuro fantasma momentáneo.
Pero es mío el tiempo de las apariciones.

 

 

EN EL LÍMITE

Si algo pervive
si me dejan hacer un nudo tan siquiera
si algo queda
si el mundo es una niebla que se adensa cada día
y esto es sólo un árbol
una luna que se instala en nuestras vidas
si éste es el lugar
que me confirman conocidas mariposas
si no se tiene remedio
si hay tiempo todavía
vamos a renovar un viejo rito
y a bañarnos todos juntos.

 

 

INFORME DE PROGRESO

Tengo cincuenta y cuatro años.
Soy diabético Tipo I con diagnóstico
de complicaciones relacionadas
tales como retinopatía diabética
y neuropatía diabética.
En la cuenta figuran también
dos discos herniados
producto de una antigua lesión
mal tratada y que ahora se traduce
en un dolor que irradia desde
la espalda baja hacia el glúteo
izquierdo y la pierna correspondiente,
haciéndose evidente que a veces cojeo.
No ha de faltar la clásica melancolía,
médicamente llamada ahora Depresión
Mayor y con la apostilla de Síndrome Bipolar.
Prefiero la soledad y vivo ajeno
al mundo de las relaciones.
Escucho mi ser en el patio
repleto de gallos y guineas.
Disfruto e intimo con ciertos escritores,
pero sólo en la letra, pues en persona
ya se sabe que es otra cosa.
Nada me parece extraño
y estoy relativamente bien.
GRACIAS.

 

 

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Salvador Villanueva (Puerto Rico, 1947) es autor de los poemarios Poema en alta tensión (1974), Expulsado del Paraíso (1981), Fin (1987), Libro de los delirios (1989), La comatosa noche (1989) y tal vez de uno que otro libro del que no nos hemos enterado. Tiene una página en internet, (http://ricardogarua.tripod.com/) en desuso por lo visto, en donde pueden leer más sobre él y leer uno que otro poema adicional.