2 pøemas de Alejandro Méndez

 

LA NAVAJA DE OCKHAM

¿Qué formas?¿Cómo habitará la materia
el espacio por donde te esparcirás?
Las posibilidades incluyen al grano
que algún día llevaré a mi boca.

Guillermo de Ockham desde el más allá,
como vos, me pide reducir las hipótesis
a su mínima expresión.
Podar lo accesorio, arena de las flores.

Con su voz de muerto ilustre
relata la madrugada de Mayo de 1328
en la que huyó de Avignon y del Papa,
con el sello de los franciscanos en su pecho,
para buscar la protección del emperador.
Le dijo: “defiéndeme con la espada
y yo te defenderé con la pluma”

La misma fórmula que usé seis siglos más tarde
para asociarme a mi primo, galán y líder juvenil,
una tarde en el club barrial. Fue el grito de guerra
de un erotismo auto-sustentable. Quid pro quo.

Alianza que atravesó el estertor de la edad.
Di argumentos a su belleza para hacerse soberana
de mi inconsistencia muscular.
Recibí al héroe en canchas de fútbol tristísimas,
sin laureles y el hambre intacta.

Guillermo de Ockham me dice que hay que llevar
la eficiencia de la razón a su grado máximo;
de modo tal que si uno se encuentra en una ciudad
y escucha galopar, sólo pueden ser caballos,
y no una manada de cebras.

A pesar de tener su navaja cerca de mi platónica barba,
lo desafío y pierdo el rumbo en la duda que me acuna.
Pienso en dos cosas: las cebras posibles y vos resucitado.

 

de libro Pólder (Bajo la luna, Buenos Aires, 2014)

 

 

 

Tengo un corazón antiguo
incluso para los desbordados
frutos de la historia.
Decimonónico mi corazón
parece florecer
en el halo que desprende
el muchacho de la plaza
y su espalda apolínea.
Promesa y decepción
con esquirlas perfectas.

Un corazón teórico
que derrama excepciones,
ciego ante la evidencia
del desierto, sordo
a las trompetas
y al dios que responde
con un trueno, mudo
para la furia de la naturaleza,
dulcísimo en su religiosa
ferocidad.

Tengo un corazón antiguo
descatalogado en los brotes
más verdes, su fulgor
apenas relumbra
y ya es molde funerario.
Estas que ahora nacen
son las glicinas muertas,
no sus hijas bárbaras.

Tengo un corazón antiguo
atravesado por dos chicos
abrazados a la sombra
de una nube pasando
por el campo.

Un corazón pospolítico
con miriñaque
y conciencia social.
Tengo un corazón
que late en el murmullo
del agua, agua que es la voz
del padre de mi padre.
Un corazón primordial
enamorado de los latidos
yámbicos de mi madre.

Tengo un corazón antiguo
cercado por tres murallas
chinas, inaprensible
como el vacío
donde canta el pájaro
de la leyenda,
sólo de buen augurio
si vive en el mito.

Arritmia asintomática
dijo el cardiólogo, yo
digo un corazón anacrónico,
el corazón en la boca,
preverbal.

Tengo un corazón antiguo
guiado por voces
a la manera de los santos,
dilapidado entre glicinas
como el de aquel poeta
asesinado frente al mar.

 

inédito

 

 

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Alejandro Méndez nació en Buenos Aires, el 23 de Agosto de 1965.  Publicó los siguientes libros de poesía: Variaciones Goldberg (Ediciones del Dock. Buenos Aires. 2003); Medley  (Suscripción. Larga distancia. Barcelona. 2003). Tsunami (Crunch!  editores. México. 2005). Chicos índigo (Bajo la luna. Buenos Aires. 2007). Cosmorama (Ediciones Liliputienses. Cáceres. España. 2013.  Determinado Rumor. Buenos Aires. 2015 -2da edición, formato e-book-). Pólder (Bajo la luna. Buenos Aires. 2014). Coordina  la primera curaduría autogestionada de poesía contemporánea argentina: laseleccionesafectivas.blogspot.com.ar. Es editor en Deshielo  (editorial digital de poesía): deshieloediciones.wordpress.com