2 pøemas de «Sed jaguar» de Antonio Calera-Grobet

 

 

MENSAJES CIFRADOS

a Christian Fernandez

En un rayón. O con conchas sobre la arena si las hay, o con cascos de vidrio pulidos por la marea. Con piedras encaladas en la copa de las montañas. Con veladoras o bombillas de luz de baja tecnología, pero no como en las cerdas marquesinas del Gran Arte Contemporáneo. Con pancartas no porque ya han perdido su fuelle en tan sobadas manifestaciones, ahora que todos se preocupan, pareciera mentira, por la paz mundial. Con crayolas no, nadie creería que va en serio, y porque es un falso estilo infantil usurpado por los medios. Ni con labial, ni en recordatorios de pegote, ni en las ventanas como ahora acusan los vecinos la tala de los árboles, el robo de casas en colusión con el Heróico Gobierno Transaccional. Con pepitas de calabaza o los huesos de chabacano de una matatena, pero se correría el riesgo de no leerse bien. Con marcador indeleble quizá pero se vería un tanto cutre, algo demasiado medido y razonado. O como se pueda si es en epístolas viajeras, entre oficinas postales, en servilletas de fonda llenas de grasa, escondido entre las propinas a los empleados de un café de chinos. En palmeras, en plafones de formaica, encriptado en azulejos de Andalucía o bajo las faldas. Grabado a mano en un trozo de madera, zurcido en las encías o en un pan tostado sobre la mesa. Donde gusten y ordenen pero no, nunca en una playera que diga.

 

 

DIEZ VECES LA MISMA LÍNEA

Diez veces la misma línea repetida. > La que recala en que la distancia más corta entre dos puntos es ella misma. > Línea que repite y con el ejemplo predica, que se trata de una confabulación de puntos que siguen su camino. > Una línea de diez versos que se ha trazado una meta: dirigirse hacia el extremo de las cosas. >Puntos como pasos, como tiempos, rumbos o destinos: pienso, luego resisto. > Un empecinamiento que ha partido de un puerto a otro para cumplir con su palabra, antes de que venza el plazo, el pagaré de la letra para alcanzar su cometido. Una línea diez veces repetida y no sólo de pinta, que acelera, viaja rauda, rápida como una raya negra. > Una terca y acomedida recta, regla sin miramientos la suya de no frenar, no distraerse de su carrera, su cosa final. > Habría que verla en su lealtad, ese empecinamiento de árboles y elefantes, quizá torcerse pero siempre perfecta, sin perder el aliento, hacia ese punto en que se reúnen rumbo y destino, dura en su empeño, fiel a su cometido, en el juego de seguir de frente hasta el despeñadero.

 

del libro Sed Jaguar (Bonobos)

 

 

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Antonio María Calera-Grobet (México, 1974). Escritor, editor y promotor cultural. Ha sido colaborador de diversos diarios y revistas de circulación nacional. Como promotor ha dirigido proyectos para espacios independientes e instituciones como el Museo de la Ciudad de México, la Secretaría de Cultura del Distrito Federal, la Casa del Lago de la UNAM y la Fundación del Centro Histórico, en la que fue director de Casa Vecina. Espacio Cultural. Como editor de Mantarraya Ediciones ha publicado cerca de cuarenta títulos especialmente primeras obras de jóvenes escritores. Es autor, entre otros libros, de Gula. De Sesos y Lengua (2011), Carajo. Personas, animales y cosas en el fin del mundo  (2012), y la novela Zopencos (2013). Fue columnista para El Jolgorio CulturalGourmet y el sitio web de Letras Libres (2010-2013), y actualmente escribe columnas para la revista Variopinto y el periódico sinembargo.mx. Desde hace diez años es propietario de “Hostería La Bota”, un centro cultural-restaurante que genera, estimula y trafica ideas desde la Ciudad de México.