2 pøemas de Ángel Manuel Gómez Espada

 

HACE VEINTE AÑOS EL FUTURO

“Decidme los nombres de todo
tal y como yo os los he dicho.”
Andrés García Cerdán

Hace veinte años
el futuro era metalúrgico.
Desde luego, no era esta ciudad,
estas calles amarillas que fotografío,
estos cafés de debate y mercadillo.
Ni esta casa donde habito,
patrocinada por las repúblicas independientes de Ikea;
ni mi madre en una silla de ruedas,
viuda y con dos piernas como columnas jónicas;
ni mi hermano en el paro,
cosido a una incertidumbre
patrocinada por el Banco Santander;
ni los amigos tan lejos,
en los extrarradios de Europa.
Por supuesto, no entraba dentro de los planes
de aquel futuro siderúrgico y profiláctico
este trabajo que me abochorna y aletarga,
que se come mis memorias de domingo;
ni esta mascarilla que me proporciona
el oxígeno suficiente para seguir ejerciendo
el difícil arte del sueño;
ni una hermosa ahijada en Lyon
que enciende cualquier primavera
y que crece durante llamadas telefónicas.

Algunas certidumbres sí que estaban:
Lisboa, París, Roma, Pekín
y el dulce reencuentro con la nieve,
siempre bienvenida.
Pero de alguna manera tú sí estabas.
Comenzabas a mostrarte en aquella nebulosa,
a convertirte en lo que acabaste siendo:
esa melodía a la que uno siempre regresa,
como regresamos a Mozart o a Pessoa,
y que nos obliga a sentirnos cómodos
y en armonía con la vida,
por muy cenicienta que se nos presente,
agazapada entre nieblas y dudas.
Porque la vida es Luciano cantando Nessun Dorma
y no lo que asoma por los telediarios.
Es tu pure, o Principessa, nella tua fredda stanza,
y no caídas en las bolsas europeas,
cadáveres en Siria o Palestina,
matanzas en Boston o en Connecticut.
La vida es tu mano mostrándome el futuro,
semilla y certidumbre.

 

 

TERMINAL 2

Sin que lo sientas apenas, la vida te conduce
a través de una cinta transportadora.
Te muestras cansado, ausente, hastiado,
vacilas y te apeas de ti mismo
para mirarlo todo desde fuera.
La vida sigue, indiferente a ti,
llevada a un ritmo constante
por la cinta transportadora.
Ves pasar
tu familia, tus amigos, tus cosas,
tus memorias, tus misterios, tus secretos.
La vida es fácil y cómoda
si adecuas tu ritmo a la constante
que marca la cinta transportadora.
No puedes pararte. Mejor nada de pendiente.
Si te desconcentras, pierdes el ritmo
y es la cinta la que te transporta.

Sigue a la cinta. No te detengas.
No merece la pena detenerse.
No merece la pena detenerse a mirar,
a pensar, a echar la vista atrás a lo que dejaste.
Si lo haces, comprobarás
que el pasado es una pesada cicatriz,
que el futuro avanza sin ti,
que nadie te espera al final de ella.

 

del libro Ventana de emergencias

 

 

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ÁNGEL MANUEL GÓMEZ ESPADA (Murcia, España, 1972). Director, junto a Juan de Dios García, de la Revista El Coloquio de los Perros. Ha publicado los poemarios Mediodía en la otra orilla, Cocinar el loto, Los hijos de Ulises y Ventana de emergencias (este en la editorial Huerga & Fierro). Algunos de sus poemas se han traducido al inglés, francés y polaco. Ha traducido El hilo del abalorio, colección de relatos de Mia Couto. Con Postales en un cajón de galletas logró el Premio de Poesía Dionisia García. Cuenta con 2258 amigos en Facebook, tiene pasaporte, no tiene mascotas y ha salido en alguna portada de periódico (no por robar).