Dos pøemas de Eleonora González Capria

 

ABRAN LAS VENTANAS

La encuentro envuelta en horas
escuálidas, largas, habla
aunque nunca sea fácil entender
lo que dice y yo me ponga un vaso
al oído en esta pared o aquella,
se explica a sí misma en pérdidas
de agua astilla de vidrio animales
traslúcidos a medias muertos libros
que nadie lee ramilletes
de araña,

cada intención de arreglo
es griteríos llora
de vez en cuando de resistencia
o queja, entregada
a la muerte como si diera graznidos,
la voz de cuervo ronca a la distancia
desde los postes, el ojo firme
y negro en mi ojo. Creo que está rota, psicótica
la casa, que por fin perdió la lengua.

 

 

CANADÁ

Me imaginaba todos los días
hembra o macho si pardo o negro
con o sin crías manso
me imaginaba muerta.
Salí siempre a las horas avisadas
de luz pálida y sombra larga
sola en silencio de abeja y arándano
lleno el bolsillo con las entrañas frescas de los peces.

Hablaban todo el tiempo de la manada de lobos
que en el pueblo había cazado un alce
ahí sobre el puente, la carne que tembló
hasta quedarse quieta y los autos que pasaban.
Alguien lo había filmado y después lo vieron,
se oía claro el grito, clara la súplica.

En el bosque después del incendio
seguía latiendo un tronco blanco
de espasmo en la madera ardida
y en el glaciar
me llené los pies de barro buscando.

Cuando era chica si preguntaban por el miedo
yo respondía: oso.
Pero quedaba lejos, estaba a salvo, se reían.

Todas las noches desde casa interrogaban
si había cruzado al fin al oso,
preparé el espíritu para encontrarlo, dije,
pero él no quiso verme.

 

 

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Eleonora González Capria nació en Buenos Aires. Es licenciada en Letras, traductora y profesora de Traducción Literaria (UBA, IESLV JRF). Forma parte de la revista Hablar de Poesía, dedicada a la difusión, crítica y traducción.