Pøemas de Rosa Granda

 

EL RIESGO REAL DE LA EXTINCIÓN

Encuentro a un hombre bostezando en su habitación.
¿Semillas?
Son mías.
Le ofrezco las semillas y se las traga. Luego las escupe, pero cuando vuelvo a ofrecerlas vuelve a tragarlas.
Por qué vienes, me dice. Y Todavía lo preguntas (correr con un propósito es correr literalmente).
En un sueño recurrente el mismo hombre ve ramas brotar de los lugares más insólitos de su cuerpo, solo cuando unas hojitas empiezan a llenarle los ojos, los abre.

 

 

CADENA SEMEJANTE
A LA ALIMENTICIA

I.

De repente abrí los ojos y pensé en lo particular del caso. Es casi seguro que lo he soñado. Ubiqué un par de sandalias bajo la cama y bajé ambos pies con movimientos premeditados. Había una puerta hacia mi derecha (era en mi sueño la puerta del baño, recordé), allí me dirigí. Nunca quise interrumpir el curso de la noche, cerré los ojos y caminé pensando en que pronto volvería a la cama.

Al amanecer la habitación estaba perfectamente proporcionada. No sé si pueden verme porque nunca han estado aquí. Estuve un rato contemplando la inutilidad de mi mano derecha, el brazo en general era inútil. Con la palma extendida separé ligeramente los dedos y esperé. Cuando los movimientos cesaron del todo no tenía más que contarlos, no pude hacerlo, de modo que no lo hice.

II.

simplificación burda

El enorme reloj (tal vez exagero en la proporción) marcaba las tres con veinte. Tres con veinte de la tarde, a quién se le habrá ocurrido ponerlo frente a mi cama.

Estuve un rato contemplando la inutilidad de mi mano derecha, todo el brazo en general era inútil. Con la palma extendida y los dedos ligeramente separados esperé la respuesta de un nervio, de algo que advirtiera mi condición humana. Fuera de toda sensación de movimiento, luego pensé, que más bien la percepción me era indiferente.

Sentí frío a pesar de la luz que alcanzaba mi cabecera, ese frío ya era algo. A esto se sumó un hormigueo. No alcanzo a verla pero sé que está ahí, entre el colchón y las sábanas, inmensa (esta vez la proporción puede ser justa). Yo quería ir al baño, y de hecho eso hice. Todo es ahora tan relativo. Qué va, ahora que lo pienso tuve que haber estado en otra habitación, tuve que ser yo en otro tiempo. Aquí, el simple hecho de levantarme implicaría un esfuerzo que no está en mis manos realizar

 

 

Saberlo tú es igual
que saberlo el resto…

 

 

III.

Don’t be too smart*

Todo se repite y la recuperación solo es nocturna
Pronto voy a ser alguien que haga algo
No se puede evitar el mal, en secuencia efectiva – ingenuamente efectiva, hacer algo ya es algo

[Saberlo tú es igual
que saberlo el resto]

* No te hagas el vivo

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Eso pensé. El punto crítico no era ni su negativa (por su pura gana de ser negativa) ni mi identidad virtual (independiente de cualquier propiedad). El punto era – pero la frase tal cual no la recuerdo – que empezábamos a reconocernos o a ser solamente algo para ellos.

No me sorprendió en absoluto su excesivo interés, las frases las construimos juntos.

[Nos levantamos
del vacío arquitectónico
también juntos]

Le pedí que se callara, “es que cuando comienzas…”

Estamos perfectamente organizados dijo.

Avanzamos unos cuantos pasos por la ruta habitual y empezó a olerme el cabello. La ciudad se levantaba a nuestros pies, era como lo había descrito.

[Vista panorámica – S1 reconoce a S2]

Supongamos que pertenecemos a otra especie. Entonces sería posible.

Sí. Es posible.

 

del libro Torschlusspanik (Ediciones Liliputienses)

 

 

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Rosa Isabel Granda Valderrama (Perú, 1983). Estudió Literatura en la UNFV (Universidad Federico Villarreal) y Fotografía en IPAD (Instituto Peruano de Arte y Diseño). Publicó su primer poemario “Torschlusspanik” con Perro de Ambiente (Lima – 2016). Segunda edición con Liliputienses (España – 2017). Participó en el Festival Internacional de Poesía de Rosario (FIPR) Edición 25 Santa Fe, 2017 y “Enero en la Palabra” Festival de Poesía del Sur Andino – Cusco, 2018. Así como en diferentes recitales locales. Actualmente se encuentra trabajando en su segundo poemario.