4 pøemas de María Auxiliadora Balladares

 

Modern Love

No olvidamos nada
Los recuerdos se petrifican como si fueran la esposa de Lot melancolizando su casa
Mis recuerdos son de sal, los lamo y me saben a mar
Debería escribirte una carta pidiéndote que recuerdes por mí los momentos en los que hemos sido felices
No sé cuántos mencionarías, quizás tres
Creo que hemos sido felices un número desconocido de veces
(Imagina un número que nadie haya escrito jamás sobre un papel o nombrado)
La felicidad, como sabes, también es salada
Estatua de sal arrasada por la lava
Hay ciudades que se destruyen por la ira de dios
También hay versículos hermosos como decir veo a satán caer como un rayo
¿Quién salva la vida cuándo se viene abajo una ciudadela?
Tus ojos me convierten en una figurilla blanca y dura

No recordamos nada tampoco
El olvido es como la mano alzada del padre que va a sacrificar al hijo y en el último segundo recibe la orden de dejarlo vivir
Somos el último segundo
Somos el sacrificio que no se ofrece
O quizás somos el hijo asustado y hambriento
No sé
Creo que tú dirías que somos el corazón desesperado del padre
O dirías que es un día hermoso para salir al campo o viajar a la playa
Yo te miraría y con mis ojos te convertiría en pez
¿Qué dirías, amor?
En tu boca cabe el infinito con estrellas
Dirías que somos el paisaje, la tierra, los árboles,
somos el cordero, la lava, la sal

 

del libro Guayaquil (Premio Pichincha de Poesía 2017)

 
la perra

para luis y gabriela

si se concentrara
si de verdad se concentrara
–cuando gime de ese modo
con mi mano que la roza
que sabe cómo tocarla–
empezaría a decir palabras

 

La mariposa

para florencia y ana maría

Estábamos en casa,
conversando en alcohol,
sentadas las tres
en una sala muy limpia.
Con las manos,
tocándonos las caras,
limpiando saliva.

Borrachas ya,
bajamos a la cocina,
viendo, en el piso, el cielo
y anhelando comer.

La mariposa negra
se había posado
en el vidrio de la ventana
frente al lavadero.

Yo sabía que tenía que sacarla.
Me trepé al mesón
y, en lugar de tropezar y caer,
la tomé de las alas
con mis dedos.

La lastimé,
con fuerza brutal,
alcohólica.
En parte,
su ala derecha se deshizo
sin que este otro lado mío
pudiera hacer nada.

Voló y se fue por su cuenta.
Yo me quedé con polvo
de ala de mariposa en la mano.
A veces creo que sueño
con la mariposa,
pero no sé.
Ojalá, en sus alas,
mis sueños
se hagan polvo también.

 

Tres

El vello de los cuerpos se carga en el roce
La luz absorbida por las copas de los árboles
Las extremidades de una de ellas dobladas contra el suelo
Sin antecedentes el macho alfa revienta chilla
Las dos hembras se asustan se separan corren
El macho las sigue un trecho
Y va golpeando su pecho con violencia
Las dos se alejan una de la otra
Confunden al macho que se queda quieto
No sabe escoger a quién seguir y escarmentar

Nada ha terminado
Las mamas se desbordan
El vello de dos cuerpos se carga en el roce
Al caer la noche impasible
Otra vez montar la una a la otra

 

del libro Animal (La caída, 2017)

 

 

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María Auxiliadora Balladares (Guayaquil, 1980) es escritora y profesora-investigadora en la Universidad San Francisco de Quito. Su interés académico gira en torno a la obra de poetas latinoamericanos del siglo XX y del XXI. Ha publicado el libro de cuentos Las vergüenzas (Antropófago, 2013), el ensayo Todos creados en un abrir y cerrar de ojos (Centro de Publicaciones de la PUCE, 2015) acerca de la obra de Blanca Varela y el libro Animal (La caída, 2017). De pronta aparición sus libros Guayaquil y URUX Una correspondencia, escrito junto a Sebastián Urli.