Dos pøemas de Cristal Alarcón

 

MOHO

Dijiste que nunca tendríamos una casa como esta cuando aún construía nuestros cimientos con trozos de pan y fósforos.
Dijiste que las paredes de nuestra habitación, un espacio neutro de cuatro planos, cobijaba naciente, el moho que por tantos años nos había aprisionado (sin darnos cuenta de), del cual fuimos dependiendo mientras se iba expandiendo, y tan rápido como llegó, devoró nuestros zapatos y las prendas que andaban colgadas sin dulzura.

Al siguiente año, tiempo después de su aparición y contra todo pronóstico y/o pintura selladora, el moho llego a primaria.
Y nosotros permanecimos apreciando su tenebroso desarrollo desde aquella esquina en la que dejamos los pinceles para ponernos simplemente a contemplar el deterioro de nuestras manos.
El moho siempre fue más grande que la cesta de ropa sucia que cargamos con nosotros después de 1999. Antes de romantizar los calzones manchados en las llaves de la ducha, el polvo en las esquinas de las ventanas y todos estos dibujos y siluetas que el moho retrataba en las paredes de pan,
que se hicieron de cemento,
a la fuerza, casi aguardando su arribo.

Pusimos flores en la casa,
a la entrada y a la mesa,
al salón que era lo mismo que el comedor,
y a la habitación principal se la abandono, como alguien que no espera demasiado de otro alguien, como una habitación cualquiera
que no tiene fe
que no tiene dios
que no ama.
o quizá si
y era simplemente la belleza y el clamor del moho por más atención.

Nos acostábamos cada noche deseándole felices sueños a los grises sueños al moho, que esta vez y por periodos iba cambiando de color.
El moho continuó expandiéndose durante casi 17 años,
y llego a ocupar las tres cuartas partes de nuestra habitación.
Tres cuartas partes y los cuadernos de 5to de media se desvanecieron. Se ahogaron en los retretes que ya no usábamos porque no podíamos permanecer sentados.
Era sinónimo de anhelo.
El moho cambió nuestra fisiología, nuestra percepción del color y los aromas en invierno.
Nuestras ventanas siguieron agrietándose después del terremoto del 2008, o quizás fue la pelea del 2010 en la que rompimos las estelas de los vidrios que se incrustaron en nuestros labios.

Para decir te amo había que sangrar, o no decirlo.
Entonces, permanecimos en silencio, mientras al fin
la pintura selladora surtía efecto.

 

your’e gonna be allright darling, you’re gonna be all right swittie

Yo le acaricio la cabeza y puedo hablar en inglés para que no sepa lo que estoy diciendo, aún no lo entiende (ni siquiera en español) pero quiero hacer las cosas más simples para ambas, coger el esbozo de un tono para que lo recuerde de tal manera, así o asá, para tal asunto y vuelva conmigo para llorar otra vez y poder decirle de nuevo el cántico tradicional: you’re gonna be allright…

Su cabeza es tan pequeña que no puedo esperar a sostenerla con la mano, pesa menos de lo que cargo todos los días así que no me molesta tenerla encima.
Saber que huele a mierda es placentero cuando estoy por meterme a la ducha y tengo la certeza de deshacerme de nosotras por unos cuantos minutos.

Aun así en la intimad de la cortina, el jabón sin aroma y el shampoo que se mete en los ojos, siento las yemas tibias, los codos temblar y el abdomen adormecido. El proceso se repite, sin día que falte, se hace me hace lindo consolar y librarme, recuperarme, sentarme. Inspirar.

Yo le acaricio la cabeza, hablo en inglés y no me entiende.

Abre la boca y el ciclo inicia. Soy solo un animal y ella me ordeña. me seduce con sus tiernos ojos y ya estoy en el matadero.

Este es nuestro pacto. Sin llanto, con mucho glamour, con discreción y tacto. Se ha vuelto una experta, una negociadora de rehenes. Es para ella tan simple, como respirar como coger mi cabello y halar sin arrepentimiento. Se jacta, es deliciosa, lo sabe, se mueve para que la acaricien se ríe agraciada adicta a esta atención inherente. y me duele.

La veo y me duele, la huelo y me duele la cargo y me huele en los brazos apesto a ella, me ha sumergido dentro de su órbita posesiva, para que en sociedad me identifique a través de su labor.

 

 

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Cristal Alarcón (Arequipa, 1997). Ilustradora y poeta. Miembro del colectivo Verboser. Ha sido parte de colectivos como La Chimba Arequipa. Publicó en la Antología poética de la chimba (La chimba, 2015), Revista Rayuela (Chiapas, 2015). Actualmente es estudiante de diseño gráfico en Toulouse Lautrec.