Dos pøemas de José Kozer

 

IMAGO MUNDI

Su precaución al dar un paso, su lateral desconcierto
viendo la agilidad de su
sombra a la desbandada:
auge, insta auge, y el
cuerpo no responde.
Su sombra se escurre
de pared en pared
(lateral) recorre los
setos del jardín, jardín
a jardín por todo el
vecindario: el cuerpo
en cuerpo de momento
retenido, ve abalanzarse
la sombra, el ave que
pasa (espesa) queda
rezagada, éstas son
dos opiniones del
mismo hecho, sentido
contrario: su vida
materia retórica,
abstracción a la carne
vedada, qué no diera
por tener pellejo
colgando, piernas de
leña crepitando, brazos
de marfil quebradizo.
Tener (piensa) tener,
acabar de dar por
último el paso, subir
un escalón, leguas a
la redonda mirarlo su
sombra, y él cabecear
de pie, quedarse
dormido, al fiel: la mano
derecha (excrecencias)
apoyada al asa de su
bastón con la contera
puntiaguda de hierro,
fijarse a la tierra,
sostenerse en la
madera del peldaño
donde dejó de haber
escalera: broma
evidente de su
sombra llevándolo
de la mano por el
derrotero del cuarto
de baño al cuarto de
dormir, la verdad de
la casa. Ocasión de la
casa. Se va sentando al
borde del camastro, la
sombra del bastón
diagonal en la pared,
cal, humedad, irse
tendiendo. Podrá, lo
que es poder podrá.
Batir de alas, brotar
la planta que llaman
llantén, nardo quizás,
se nota refrescado, la
frente seca, las piernas
al tumbarse sobre la
cama en posición,
rejuvenecido. Lo
embarga la emoción.
Y como se sabe
verdadero, desiste.
Está viejo y acabado,
su aliento pesa, no
tiene resuello, no lo
tiene la liebre que cuelga
del garfio a la entrada
de la carnicería, apenas
su cuerpo animal
responde ante el plato
de avena azucarada, el
vaso de agua templada,
pedir un respiro a su
sombra. Y no acude.
Apoya la cabeza en
unos almohadones,
se obliga a cubrirse
con dos edredones
empercudidos, forrados
con la tela de telares
muertos: tiene entre
sus manos un libro.
Libro compuesto de
letras imponderables,
a duras penas lo
sostiene, a duras
penas puede rebasar
el renglón siguiente,
pasar la página. Ve
una letra, en la letra
suscitarse una sílaba,
sílabas corren, pasan
(San Agustín) cantando:
entiende. Cierto que
entiende. Está leyendo,
recupera mientras lee
auge y brío de pasar
otra página, cuerpo y
sombra no son
dimensiones ni
sustancias, sólo la
letra es verdadera,
letra escrita donde la
página termina: acaba
de pasar la página,
detener su mirada,
leer atrás, se había
desconcentrado, volver
a caminar, corretear, la
madre acaba de llamar
asomada, sube la escalera
que lleva al segundo piso,
entra, se niega a lavarse
las manos, se sienta, el
padre lo mira mientras
inicia un ademán de
aprobación soterrado,
dos contra dos: el padre
compinche, la madre y
la hermana contrincantes,
sopla la sopa, introducir a
fondo la cuchara: abre la
boca, quema, le da lo
mismo, se es o no se
es hombre, el padre
concuerda. Dos contra
el mundo, tragan al
unísono, tiembla la
casa a lo ancho, en
alto, abrid (notad el
gesto) de par en par
las ventanas, huele
a jazmín. A hormigas
pisoteadas. Ruido mullido
del hambre saciada, y él,
por esta vez entiende que
la hora se distiende, y son
dos: cuatro sus manos, y
multitudes. Hincharse las
multitudes riendo y
trajinando, en la
vendimia ley invicta
(duerme a fondo) de
los campos donde
la flor va volteando,
heliotropo, girasol: no
se interrumpe nunca el
movimiento, y él, que no
despierta (a qué) se
reconoce segundo y
otro del conjunto.

 

IMAGO MUNDI

Se sentó, vio una formación indefinida en la
pared, cerró los ojos.

Entran marcando el paso, del brazo (cuatro)
tres hileras, las viudas
de costado, los muertos
en una postura
inverosímil, y una
última descendencia
todavía inquieta.

La blancura de la pared ya no contrasta, tampoco
contradice la ropa
oscura de luto
innecesaria, lo
alzan, la mesa
(cuatro) puntales
sostiene un rostro
lívido, un cuerpo
exangüe, qué es
la muerte sino
dejadez: se abre
de perfil en dos,
decúbito supino
se oye el golpe
(chasco) de una
final frecuencia,
su descomposición
levadura: lo alejan
acicalado, descalzo
(tributo último de su
carne) el bello olor
fecal de la tierra
mojada (animada)
cumplirá su función.

En la pared la huella de un aleteo, la cal desprenderse
de la carne, morir las
superficies: aparecer
el Rostro del indefinido
y boca abajo, acto de
servidumbre agitarse
los terrones.

 

inéditos

 

 

______________________________________________________

José Kozer es un escritor cubano nacido en La Habana el 28 del marzo de 1940 pero radicado en los Estados Unidos desde 1960. Ha publicado más de cincuenta libros, la gran mayoría de poesía, aunque entre ellos también se encuentran diarios y narrativa. Se le ha clasificado dentro de la estética neobarroca. Ejerció durante tres décadas como profesor de literatura hispana en Queen College de New York. Radica en Hallandale, Florida. Sus padres eran judíos procedentes de Centro Europa.