5 pøemas de «Una cuestión de diseño» de Diego L. García

 

chicos rubios viajan en motos por la
selva malaria lente de mil megapíxeles
copos de nieve en sus cabellos sonrisas
hechas en sopas de niñeras sábanas sin
dibujos del hombrearaña nadie dice
que deban o no deban. nadie el barro
ni la línea 603 hasta hudson sin bahía
sólo se observan en medio de carteles
y ofertas de teléfonos tapas de diarios
como un póster más de la felicidad. será
necesario abrir las últimas latas de
“frijoles” y pronunciar mejor esas
canciones que fusilaron algo nuestro

 

la diversión es una píldora para mirar
otra guerra en 3d mientras el mundo
se rompe las caderas por patinar en el
hielo con las zapatillas agujereadas.
en el retrovisor: una mesa con mantel
de hule y un helicóptero ardiendo en
saigón en manos del pequeño johnny
no es gracioso ver cómo se achicharran
los huesos plásticos de los chinos?
escribiré una canción para explicarte
de qué se trata la vida. tendrá un final
tan jugoso como esos folletos de la iglesia

 

la versión de estudio fue un lado
b del 77 recopilado luego en un
disco titulado vendiendo un
caballo muerto así es este tranco
de la lengua. dónde estamos? no
te olvides de pegar las letras
[los robots no soportan el color]
[del mundo como mera información]
en el reverso de los rectángulos
asoman cuerpos de nadie

 

hay una página que te enseña a hacer
y ser ciertas cosas. motivaciones. un
mejor sujeto de estos tiempos (con
barba nueva y ropa salida del
tubo familiar inalámbrico) algo así
como una novela de aprendizaje pero
sin derrotero todo ya al tacto
de un dedo en la imagen (fotos
sin pertenencia. ojos de nadie.
gestos de nadie). una buena educa-
ción con todo lo necesario para que
puedas instalarla por tu cuenta.
fácil y rápido. versión corregida
de lo que nunca seríamos. la cinta
se encargará de que tus párpados no
se arruinen en la caja

 

(primera toma)

está incrustado en ese enunciado
sin poder estirar las piernas como quisiera.
algo en sí activa el modo automático y
“la guita me quema en las manos” es
un aterrizaje forzoso. no puede hacer
otra cosa para diluirse mejor. justificar
que no será mansa la lluvia este año.
él sabe cómo invertir las migas para
que el bocado sea completo. ella
se agazapa en el hueco que le ha donado
de espaldas para captar las primeras gotas
y huir a tiempo. da pena que la vista
sea tan agreste para su edad fumigada.
aparente trance que festeja más tarde.
que empaqueta para las esencias
de algún caribe. está incrustado
en un resto de palabra como un diente
fiero que no podríamos notar
sus manos sudadas pero inalterable
el peinado. cano abundante
contra la gravedad de toda noticia.
nada podría quitarle los méritos
en el set de batalla y las bambalinas
que cuidaron su pellejo. dice que hay pelusas
sin saldar pero igual parpadeamos
aliviados en la gracia de su tono
edulcorado por tanto burbujeo
en las muelas. qué sabríamos
el resto si no fallaran sus malabares
con fuego ajeno. las playas
mantuvieron siempre su vianda tibia.
y ahora es puro saco. un paño verde
que también se incrusta en el espacio
del diálogo que le toca. el mejor tajo
de carnicero vip. verde. incrustado

 

del libro Una cuestión de diseño (Ed. Barnacle, 2018)

 

 

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Diego L. García nació en Berazategui, Buenos Aires, en 1983. Es Profesor en Letras, egresado de la UNLP. Escribe poesía y crítica. Entre sus últimas publicaciones se encuentran los libros de poesía Esa trampa de ver (Añosluz editora, 2016), Una voz hervida (Jámpster e-books, 2017), Una cuestión de diseño (Barnacle, 2018) y (fotografías) (Zindo & Gafuri, 2018). Colabora en diversas revistas.