Muestra poética | Miguel Ángel Bustos (1932-1976)

 

ARREGLO CON FRUTAS E INSTRUMENTOS DE VIENTO

Naranjos
hasta cuándo serán naranjos las calles del Tigre
y no el corazón de mi amor.
Pulpa de tu tremenda boca la toqué y se me fue por la noche entre
los naranjos volvió para pegarme como la rama más débil
o la ola más fría iniciando la tormenta
Y yo que creí que nos pondríamos juntos en nuestra vida de mil
años.
Trompa apaga la luz que desciendo solo a la ciudad de los
hombres. Apaga lamento de hierro y bronce entre los
naranjos.
Ahí voy lava tu cuerpo y vamos. Ah santa piel joven el mundo
será nuestro.
Silencio con la sorda alegría. Ahora duerme al fin. Clarín
entre los naranjos.

 

del libro Fragmentos Fantásticos (1965)

 

CASA DE SILENCIO

Un niño y un cuchillo, enamorados carne y hierro, buscan en el alma la selva que los salve.

Aromas y llantos boca de hielo sobre cicatriz de pureza. Irá a devorar temblores irá la tierra alzando mares.

Sueño del niño que muere en su Casa de Silencio en el cielo del espanto, hierba de tristeza amor de nadie.

 

del libro Fragmentos Fantásticos (1965)

 

LOS PATIOS DEL TIGRE

Fueron siempre los pájaros los que anduvieron en los patios de mi infancia.
A la claridad del canario se sumó el gritito entrecortado del calafate, el vuelo diminuto de los bengalíes. Algún mono hubo, pero fue efímero.
Agregaba mi abuelo a la magia reinante sus oros de Gran Maestro. Sus libros que, de a poco, fueron siendo mis pájaros.
Un tío viajó y en una gran jaula trajo un tigre. Lo aseguraron a una cadena y esperaron que lo viera.
Su garganta me llamó; aparecí.
El espanto y la maravilla me helaron.
Desde ese día los patios dejaron de ser tales. Fueron selvas de mármol y mosaicos gastados en donde el terror habitaba.
Era feliz. Tocaba el misterio a diario y no desaparecía. Me acostumbré ávidamente a lo extraño.
Cuando alguien ordenó su encierro en el Zoológico, lloré.
Entonces comenzaron mis fugaces visitas; temblaba cerca de su jaula. Su rugido era música tristísima para mí. Le imploraba a su memoria de fiera el recuerdo.
El día en que me fui a despedir de él para siempre me olió, detuvo su andar en círculos. Una sombra humana le cruzó la mirada. Intenté tocarlo. El griterío prudente me clavó en el piso.
Pensé un adiós, suavemente me marché. Más tarde supe de su muerte. Su carne fantástica se juntó en el polvo a otras carnes.
He crecido. Guardo de mi infancia sus huesos en mi alma, los libros en mi sangre.
Pero cuando llegue el fin y me miren los ojos que aún no he visto, pienso que será el tigre incierto de la locura el que me lleve tanteando a la nada, aquel tigre de titubeo y delirio del suicidio que en su boca me ahogará clamando.
O tal vez mi viejo tigre, rayado por la piedad, quiera devorarme como a un niño.

 

del libro Fragmentos Fantásticos (1965)

 

LUNA DE HERODES

Si en la noche inmóviles policías sujetan perros de boca en piedra, yo tiemblo. Quiero alejarme no puedo, como en sueños.
Entonces alzo la mano a mi pecho el traspasado. No sea que a lo lejos entre selvas de hueso y aliento salga el aullido de aquel que devora mis entrañas. Y aullando prolongue en los perros guardianes un odio en silencio y dientes, que por milenios me persigue.

 

del libro Visión de los hijos del mal (1967)

 

VIENTRE PROFETA SIN TIEMPO

Yo no soy de ningún siglo.
Vivo ausente del tiempo. Soy mi siglo como soy mi sexo y mi delirio.
Soy el siglo liberado de toda fecha y penumbra.

Pero cuando muera, el profeta que hay en mí se alzará como un niño sin moral y sin patria. Un niño loco con lengua de alaridos. Entonces amanecerá en el millón de
Galaxias.

Madres del futuro; cuidado; cuando muera puedo volver.

Entonces, ay, vientre que me aguardas, dulcísimo catedral de tinieblas.

 

del libro Visión de los hijos del mal (1967)

 

POEMA 9

Tocaremos la luna. Poseeremos el cráneo del Sol.
Qué patria o cielo verbal ilumina al fuego
en su casa de líquidos esmaltes; carro de Elías,
purificación de las ciudades muertas, árbol místico de la sangre, agua y sombra transparente, vitral de dioses aniquilados.
Sol antiverbal. Sol carnívoro en sonidos o silencios en el horizonte frío de la tierra sin pájaros.
Sol tigre.

 

del libro El Himalaya o la moral de los pájaros (1970)

 

EN AQUEL tiempo del triste colegio, en aquel que jamás recuerdo; soñaba con tigres y pájaros en lucha y mi corazón era el desierto y el cielo, el sol y la luna de aquel mundo final.
Llegó hasta mí un sacerdote, llegó y me dijo: por lo que piensas morirán tus ojos, tu piel será maldita, como la piel de las momias, amarás a dios en todo lo que te destruya. Me senté junto al muro más cruel y lloré la lepra del cielo. Cayó mi corazón, lo perdí. Y reyes ya de sangre pájaros y tigres me acosan para siempre y todas mis aguas, todos mis ríos, huyen muertos hacia el atroz y calmo Mar de las Tinieblas.
Y el ángel de la locura, el ángel de la fiebre mira, en mí al monte coronación del Verbo; escribo para que me sea dado el Silencio.

 

del libro El Himalaya o la moral de los pájaros (1970)

 

MARE TENEBRARUM

En aquel tiempo del triste colegio, en aquel que
jamás recuerdo; soñaba con tigres y pájaros en
lucha y mi corazón era el desierto y el cielo, el sol
y la luna de aquel mundo final.
Llegó hasta mí un sacerdote, llegó y me dijo: por lo
que piensas morirán tus ojos, tu piel será maldita,
como la piel de las momias, amarás a dios en todo
lo que te destruya. Me senté junto al muro más cruel y lloré la lepra
del cielo. Cayó mi corazón, lo perdí. Y reyes ya de sangre
pájaros y tigres me acosan para siempre y todas
mis aguas, todos mis ríos, huyen muertos hacia el
atroz y calmo Mar de las Tinieblas.
Y el ángel de la locura, el ángel de la fiebre mira,
en mí al monte coronación del Verbo; escribo para
que me sea dado el Silencio.

 

del libro El Himalaya o la moral de los pájaros (1970)

 

 

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Miguel Ángel Bustos (nació en Buenos Aires, el 31 de Agosto de 1932), fue secuestrado el 30 de mayo de 1976 de su domicilio ubicado en el barrio porteño de Parque Chacabuco. Hasta ese entonces en su currículum contaba con extraordinaria trayectoria como poeta y como trabajador de prensa. El, que dominaba cinco idiomas (inglés, francés, portugués, italiano y español) se desempeñó como periodista en la Revista Panorama, en el diario El Cronista Comercial y colaboró en el quincenario Nuevo Hombre. En todos ellos se desempeñó como crítico literario. Miguel Ángel Bustos, que ganó en 1968 el Segundo Premio Nacional de Poesía, escribió cinco de libros: cuatro murales (1957), Corazón de Piel Afuera (con prólogo de Juan Gelman, en 1959), Visión de los Hijos del Mal (con prólogo de Leopoldo Marechal, en 1967) y El Himalaya o la Moral de los Pájaros (en 1970). Cuatro de sus libros están ilustrados por él mismo. Al momento de su desaparición Bustos militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).