4 pøemas de «La amada de Túnez» de Arturo Desimone

 

SÉ ARROGANTE

Sé arrogante, sé arrogante
sé arrogante
decía el canto para dar fuerzas de trovador beduino
el último
cuarteto
lo tradujo ella
su título era canción sin traducción
en el balcón cerca de donde dormía un minarete
bajo un pelícano de la bahía de Túnez, al calor de la luna se quedó dormida
el sonido de gritos de bodas bereberes
el falso nouveau falto de agua riche pos-dictature del novio de la tribu
festejando
en el lablabi abajo
los invencibles gritos de lalu de las mujeres golpeando el minarete, despertaron al pelícano
flechas de canto volaron de cuerpos ya sin tatuajes

Ella tradujo las canciones de Oumaima Khalidi,
(Canciones para despertar de noche nour al kamra)
inevitablemente, a Fairouz, los textos musicales de Darwish
en su inglés chapurreado,
luego puse Piazzolla y la Violeta Parra
le indiqué sus palabras preferidas del castellano,
como “mi paloma”, my pigeon

(a pesar de toda la cháchara monumental y los imperiosos bocasueltas
en la ciega, desesperada Europa
la gente inoculada contra el yinn
con invectivas virulentas de látex y un hondo arroyo de preocupación
por las mujeres árabes, las posiciones que ocupan
vis a visa la cuestión árabe y las pociones árabes
las ponzoñas árabes y la posición precaria
de los árabes vis a visa los europeos
ese ruidín contra el yinn contra todos los que nacen de lo ardiente
y no del vapor
la perorata infinita contra los crímenes de Delacroix y otros genocidas
que tuve que oír durante cinco años,
Pero la única desigualdad entre nosotros era la altura: cuando estábamos parados tenía que inclinarme hacia ella
como la destartalada Media Luna de un minarete fundido
para agradecer la traducción

la mañana, única mancha parda del desierto
de la tierra morena amelcochada y de azúcar
ella duerme como un pájaro sobre mi piel, entre mi piel y el cielo raso,
sobre mi pecho-pulmón, una mancha que sueña
que no se lava
con jabón ni agua
ella es la borra morena en que fue hecha la Hija, Amor
no hay jabón ni agua que lave esta mancha parda de los desiertos
este canto rompe todos los cedazos en el infierno.
porque Su nombre es el nombre de la sustancia de un río en el Paraíso

su tierra se amelcocha en las pisadas de las sandalias,
sus ronquidos, expuestos al aire se vuelven migas de azúcar
repartilas en el jardín de la mezquita de Jemma,
propiedad de los gordos ricos de Qatar que quieren comprar Túnez y Tanit, la luna de Túnez,
el jardín-mezquita donde botamos a los camaleones
de su prisión en una lata de tomates
comprados impulsivamente a unos bandoleros tuertos
rumbo a Medhía,
irresponsable comprar esos animales
sin conocimiento cabal de cómo preparar el caldo berebere de aquelarres
llamado lablabi
una venganza contra los pésimos cantamuecines y su sabbat robótico

por interrumpir tanto nuestra alba de labores de entresueño.

 

CONVERSACÍON LARGA LUEGO DEL ALARMA
DE LA MEZQUITA VECINA DE JEMMA

Hablar de política
en la cama,
después del amor, una pura idiotez – hablar de la opresión Israel, blanco negro,
por qué permití que esto pasara
pájaros muertos en nuestras bocas
como si, o porque,
creí necesario decir algo
decir cualquier cosa, después del amor,
cuando la mañana es una clara penumbra dorada
Huelo alma bajo su cuero cabelludo cuando hundo
mi nariz en sus rulos negros azabache

 

DERECHOS

Tengo el derecho a decir rulos negros azabache
al describir el pelo de las mujeres árabes dormidas
está escrito en Shir Hashirim, libro Dálet.
Había una parte que era esencial
en esta, mi chica árabe,
esencialista nacional la árabe no acodó sus sueños en una zona
no ancló
la vela en el aire nocturno que soplaba cálido
por aquel minarete de Jemma que intentaba purgar el viento de mosquitos-du-lac
antes de dejarlo rozar su cara,
sus rulos negros de su cabeza
sus ojos cerrados de placer
entrecerrados en sueños para dejar entrar
una parte de mi tristeza y la del antimundo
la sal de aquello
ni siquiera
son sus rulos oscuros
en esencia puramente árabes
o tuareg de la noche o beduinos de desayunos al alba.
Por ejemplo,
para demostrar aún más esta hipopotatésis,
amaneció ella en distintas
mañanas hablando un murmullo de ruso
una línea de una suerte de hindi o más específicamente un espectro de mogol
en su cama en Túnez
aunque ella estaba siempre el mismo
color desnudo
la estructura formulaica de nuestro amor
eternamente desamarrados y marranos.

lo esencial
e indestructiblemente tunecino en ella era cuando los barcos
y la ida al pueblo
separaban nuestros cuerpos que seguían respirándose
en los correos electrónicos le dije escribime en francés
si es más sencillo para vos, yo leo francés sans aucune problème
n’importe quoi
c’est plus facile mac, super d’accord?
porque el inglés recién te lo enseño
te resulta difícil, dije

y sus pensamientos eran en árabe
y la gramática de sus ritmos eléctricos a la noche
tal vez bereber o quién sabe de qué lengua muerta eterna
pero el francés mantiene el latín del frío y duro de Eneas
la jerga de contratos legales, la lengua doctoral de
los acuerdos escritos y firmados sobre flores de papel nada de hibiscos siríacos
los discos rotos de la cogotuda monotonía colonial
con los que él envenenó el alma de Didon hasta arrojarla
a purificar su piel a fuego

mi amada de Túnez
nunca,
ni una vez,
pudo responderme (mientras duró su amor por mí)
en francés.

 

POEMA MORFO/VIAJES DE UN NARCISO ERRANTE

De niño en el Caribe
yo era el muchacho ruso que no sonreía
cuando emigré a Europa del norte
un africano blanco,
para ser consecuente, viajé a Túnez
a localizar la revolución farsesca

mi cabeza se volvió rubia, emergen las raíces en los normandos
que fertilizaron a mis antepasadas
en sus fortalezas erigidas sobre los huesos de los judíos y los sicilianos –
la cromatosis ayudó
trajo un amor moreno, al fin al ritmo de la música árabe,
poesía de la boca desnuda, de Nour-Al-Kamra

inexplicablemente siempre fui odiado en Ámsterdam,
inexplicablemente siempre me sentí atraído
a los lugares en que me odiaban.
Calles prístinas los postes de luz me besaron la espina rugiente pinchada a zapatazos
por una memoria antigua,
pero no por la shejiná corporal de la medicina judía primitiva
aún así maldije al goyim no nacido
mi cabeza y mis ojos ennegrecieron
mi nariz se volvió terriblemente fuerte, larga,
torcida, malparida, una anilla para pescar las sirenas culonas de la inocencia y la violencia
Aarón, mi nombre lo pronunciaron torpemente como Abdul, y puesto en prisión
lo reescribí con pan
lo sumé todo, imponiendo magia
fui castigado nuevamente por haber arrancado un último
tulipán que los sabios y eficientes le habían comprado
a la flor lunar de la turbante, prometiendo viajes y un seguro de amor –
con mi cara de hambre chasqueando enloquecida a la luz de la luna,
mi máscara folklórica de niño-serpiente indígena de Babi Yar/Treblinka,
culebreando sobre mi
abdomen, calculé que habían robado el Tulipán de Turk, de su Oriente, de todos modos,
presumiendo que nadie estaba mirando ni expidiendo multas – me lo comí

 

del libro La amada de Túnez (traducción de Lucas Brockenshire)

 

 

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Arturo Desimone (1984) nació en la isla de Aruba (Mar Caribe, Antillas del reino holandés) en una familia de exiliados de Argentina, Polonia y Rusia. Sus poemas, ensayos y cuentos en inglés han sido publicados en diversos jornales literarios en Estados Unidos, el Caribe e Inglaterra (Drunken Boat, New Orleans Review, Matter Monthly, Small Axe).  Cartas a Carlos Marx y otros poemas, poemario bilingüe, fue publicado en 2017 por la editorial peruana Hanan Harawi y se presentó en Cuba durante el “Encuentro de Jóvenes Escritores de Ibero-América y el Caribe” en la Habana.

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Lucas Brockenshire (Santiago de Chile, 1991). Licenciado en Letras por la UBA y traductor. Vivió en Asia entre los años 1993 y 2003, y desde 2003 reside en Buenos Aires, Argentina. Ha traducido novelas y poemarios al inglés y al castellano y actualmente prepara traducciones del ruso.