4 pøemas de «Una banda de punk llamada Rattus» de Andrés Paniagua

 

S. sonríe a la cámara.
La pared al fondo es lo único literal.

En una analogía el desplazamiento sucede entre significantes. S. recostado contra la pared no es la muerte de S.
Son significados distintos como lo son las fotografías y los fotones de luz.

Pero es una imagen.

Cuando la muerte de S. no puede distinguir entre un acontecimiento
y el acontecimiento de la imagen del acontecimiento
un vaho parte la arquitectura lírica

y chilla de avidez, sin embargo arquitectura
es producto de un error cognitivo. Pienso en la mejor forma
de hablar sobre una muerte.

Cada intento de hallar la mejor forma
piensa menos en hablar acerca de una muerte.

Es el movimiento, el material.

No los sustantivos, sino los pequeños retrasos
donde S. puede ser cualquier otra cosa.

Y si ya no solamente una imagen, S. puede ser Ruta Buenavista.
O canciones de Eskorbuto. Curiosa asociación.
No recuerdo que la banda me gustara del todo y al escucharla años después lo confirmo.

Pero en el 2008 posibilitaba una vía para la experiencia.

La voz de S. irrumpe, hinchada de oraciones propias y versos de otros.

Canciones en desorden.

No lo pienses, no lo dudes/ altos hornos de nuestra ciudad/ mirarás las fachadas/
llenas de mierda/ llenas de mierda/ desde Santurce a Bilbao/ vengo por toda la orilla//

No estoy del todo seguro de entender lo que para él significaban la mezcla de palabras
sin embargo, el desfase de sentido, por así decir, permanece intacto cuando escucho de nuevo
la distorsión en las bocinas.

Mirarás al cielo y verás una gran nube sucia incapaz de distinguir.

 

La materia de la imagen enfrenta al contenido de la imagen.
S. tararea, insistente, convencido de alguna conexión entre los objetos que toca y él mismo.

Aunque no exista punto de encuentro

el orgulloso puente colgante/ por debajo/ donde reposan los excrementos/
despidiendo mal olor/

desplazado vuelve para darte cuenta de que nunca somos una aguja sembrada a la orilla del río Nervión.
Sin embargo, aquí estamos. El disco se ha detenido.

Te veo acariciar la basura que flota.

/despidiendo mal olor/ cuanta gente/ que naufraga/ que naufraga/ que naufraga//

Insistimos.

Debería haber más.

 

Por accidente, encuentro una fotografía en los archivos digitales de cierto periódico local.
Somos la ilustración en blanco y negro que acompaña a la nota.

Reunidos en semicírculo, el encuadre nos troza antes de alcanzar la altura de la cadera.
Las botas en el extremo derecho pertenecen a S.

Interesante verte de esta manera. El mismo proceso que otorga identidad nos aparta y transforma en piezas alojadas en el museo del rencor.
Así debió ser como quisimos ser vistos en aquel momento.

Lo que intento decir es que no encuentro manera de acortar la distancia.

Revelación de un tropo delator. La analogía, para ser tal, exige una imagen de sí misma.
Contradictoriamente, me desplazo por las orillas.

A través de rodeos.

Cada intento de acercarme a S. arroja largas ausencias proyectadas sobre las calles que atraviesan la ciudad hasta llegar a una réplica del David.

Hay quienes, como S., encuentran en la analogía una manera de retrasar los acontecimientos.
Acaso solo un carnicero puede revertir el sentido.
De cualquier modo es necesario tomar algunas licencias. Y sea gracias o no al punk

el acto de ver a S. obliga al cuerpo a replegarse en los escalones de un presente continuo que descienden al mucho necesitar y sentir donde te ha tocado crecer.

Es en ese momento cuando nos comenzamos a inquietar.

Mirarás las fachadas llenas de mierda. Llenas de mierda.
Desde la periferia hasta el centro, por todos los sitios, las ratas esperan amontonadas en basureros o alineadas en arroyos

Somos ratas contaminadas.
El número crece y la recolección es cada vez más abundante. Suben en hileras para tambalearse a la luz, girar sobre sí mismas.

En los callejones y corredores sus grititos de agonía.
Unas hinchadas y putrefactas.

Otras rígidas con los bigotes todavía tiesos.
Mirarás incapaz de distinguir un cielo amarillo al tacto.
Un error bajo control.

 

Los personajes intercambian escenarios posibles, para desviar la certeza.

Pensar en una versión distinta es lanzar una piedra con los ojos cerrados. Atinada solo si yerra el objetivo.
Lo cierto

es que fuimos a casa de su madre.
Para entonces, la huella que imprime el lazo sobre los tegumentos del cuello habría sido
removida y puesta de nuevo en su lugar.
Justo debajo de una breve patina de maquillaje.

Todo idéntico a como es afuera de la casa. Sin intentar movimiento
nos mantuvo de pie alrededor de tres horas.

Es lo único literal.

No hay mucho más que decir acerca de esto.
Apenas el baile del aburrimiento sobre las cortinas de tela.

La silueta apostada en cada extremo del marco
la figura unida al vidrio
una postal transparente
una fotografía de la ventana que intenta observarse a sí misma.

 

del libro Una banda de punk llamada Rattus (inédito)

 

 

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Andrés Paniagua (CDMX, 1992). Es autor de Usted está aquí (Ed. Mantarraya, Mx, 2016). Ha sido publicado en distintas revistas y sitios web como Letras Libres, Transtierros, Dolce Stil Criollo (E.U.A.), Aesthetoscopio, Digo.palabra.txt (Ven.), Septentrión, El Humo, Al-Araby (R.U.), Suda la lengua (Chile), Angel City Review (E.U.A.), Oculta Lit (Esp), entre otros. Actualmente cuenta con el apoyo del programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA).