Pøemas de Diego Brando

 

Dijiste “hogar”
y los pájaros se arremolinaron
en su nido.
Luego, quedaste en silencio
y ya no asomaron la cabeza.
Parecido hizo Dios conmigo,
y de joven desconocí el afuera.
Difícil fue pronunciar una palabra
y hacer que las cosas se movieran,
construir una casa y luego salir de ella.
Hasta que rompí con el lenguaje
y me abrí como una flor salvaje en la selva
y desconocí a Dios.
Ahora, la oscuridad permanece
mientras los objetos nacen y se mueven
como animales en la arena.

 

PERDIDO el rumbo de nuestras plegarias,
balbuceamos palabras hacia los astros,
el cuerpo derecho, la cabeza levantada.
Hemos intentado ya todo, deslizamos el pensamiento
como un pez arrojado al agua
y sucumbimos ante la idea de escaparnos.
El encierro es un lugar en que los locos se pondrían a gritar,
la cara de una moneda borrosa e inexistente.
Pero no estamos locos, tan solo somos seres expuestos a la polución,
a la cara desagradable de la luna.
¿Quiénes son nuestros jueces?
¿Dónde huir cuando la noche es un secreto?
Es la tierra un caballo embravecido a punto de expulsarnos,
la luz repentina de un relámpago.

 

del libro Todo lo que se hunde (inédito)

 

 

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Diego Brando nació el 29 diciembre de 1987 en Leones, Córdoba, Argentina. Realizó estudios terciarios en el ISFD Mariano Moreno de Bell Ville en donde se recibió de Profesor en Lengua y Literatura. A fines de 2016 publicó Frontera por Editorial Vilnius. Prepara su segundo libro titulado “Todo lo que se hunde” mientras colabora en un laboratorio bioquímico.